Aumentar la Brecha Digital: ¿La nueva política de Trump?

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En un artículo publicado semanas atrás, advertimos el riesgo que corre la neutralidad de red por cuenta de las políticas lideradas por Ajit Pai, el presidente de la Federal Communications Commission (FCC) de los Estados Unidos. Las políticas lideradas por Pai alterarían las reglas de juego básicas que han permitido el crecimiento democrático de Internet, pues promueven un desarrollo asimétrico que mejore los retornos de inversión para algunos de los agentes que componen la cadena de valor de la red en detrimento de los actores más pequeños.

Durante las últimas semanas los temores que plasmamos no solo se han confirmado, sino agravado, pues a medida que se acerca la votación de los comisionados sobre esta decisión regulatoria, programada para diciembre, muchas cartas se han venido destapando. Ahora es evidente el impacto que tendrá en la vida cotidiana de todos los usuarios de Internet, no solo en Estados Unidos sino en todo el mundo; por consiguiente, en muy corto tiempo, Internet podría dejar de funcionar como la conocemos hoy.

Es importante recordar que el concepto Neutralidad de Red se refiere a un acuerdo implícito entre los agentes que componen internet, promovido y protegido por la mayor parte de los organismos regulatorios a nivel global, que valora todas las conexiones IP como iguales, sin permitir que los proveedores y operadores puedan calificar, ni mucho menos sancionar o privilegiar un servicio sobre otro. Esto obliga a que todas las maquinas con una dirección única sean tratadas como iguales cuando están conectadas a Internet. Este principio ha permitido que la red sea abierta, plural, democrática y participativa, por lo que claramente la neutralidad de red tiene implicaciones sociales, económicas, culturales, políticas y éticas.

Con las nuevas políticas que viene promoviendo el gobierno Trump, difícilmente podrán repetirse olas de prosperidad desencadenadas gracias a la neutralidad, reflejadas en proyectos como Google, Paypal, Yahoo, Facebook, Twitter o incluso el mismo Bitcoin. Bajo estas nuevas condiciones, la red podría caer en un espiral de privilegios y restricciones, que impedirían que nuevas start-ups prosperen.

¿Qué es lo que pretende exactamente restringir el gobierno Trump?

Pai, hijo de inmigrantes indios y ex directivo de Verizon, respondiendo a los intereses y políticas del presidente Trump aunque en teoría la FCC es un organismo regulador autónomo, ha venido revelando a cuentagotas el alcance de su proyecto regulatorio, el cual busca promover accesos diferenciados a la red. Es decir, la iniciativa permite que los operadores puedan prestar servicios de conexión divididos en estándar y premium. Adicionalmente, Pai quiere desmontar un programa llamado Lifeline, implementado por el gobierno Obama, que busca facilitar el acceso básico a Internet de las poblaciones más vulnerables de los Estados Unidos.

Si sumamos a todo esto otros datos que ya conocíamos, como la posibilidad de privilegiar ciertos productos o servicios, la política no solo impactará en la neutralidad de red, sino que terminará aumentando dramáticamente la brecha digital, pues en poco tiempo se vislumbraría un Internet limitado, que podríamos denominar “el Internet de los pobres”, y otro privilegiado, que llamaríamos “el Internet de los ricos”.

En un escenario simulado, muy probablemente lo que ocurriría es que, por la misma tarifa plana que pagamos hoy en un plan de Internet para nuestro hogar, en corto tiempo solamente podremos acceder a servicios básicos como Gmail, Facebook, Twitter y Yahoo; quedaría por fuera el acceso universal al resto de websites y servicios existentes. De esta manera, millones de páginas web, apps, servicios y plataformas quedarían por fuera de los paquetes de acceso; paralelamente, los usuarios que quisieran acceder a servicios más demandantes de ancho de banda, como el video ya sea Youtube, Netflix, Vimeo, Amazon, Hulu o cualquier otro, tendrá que pagar una tarifa de acceso premium, muchísimo más elevada de la que se paga en la actualidad. Incluso podría configurarse un escenario en el que los paquetes premium excluyan cierto tipo de servicios que, a criterio de los Telcos, no se deban ofrecer, por motivos como la baja demanda, o por ir en contra de sus políticas, o cualquier otro mecanismo de censura.

Es cierto que en la actualidad algunas empresas de telefonía móvil celular ya utilizan estos mecanismos de restricción en sus planes de datos, tema que también hemos abordado ampliamente al hablar de la tasa cero, principalmente por las restricciones en sus redes móviles. Pero el usuario que sufre con esta restricción, al llegar a su casa, o incluso al engancharse a cualquier red wifi, puede acceder a todos los demás servicios de internet sin restricciones.

En el escenario de la iniciativa de Pai, dicho usuario que no puede pagar por un buen plan de datos tampoco podría pagar un buen plan Internet en su casa, ni encontrará redes wifi gratuitas con acceso universal. Al final solo podrá acceder a servicios básicos y muy restringidos, mientras que los usuarios que tengan más recursos podrán disfrutar de contenidos más avanzados y complejos, como el video o los juegos en línea. En ambos casos, ricos o pobres, no volverán a tener acceso a una red casi infinita de servicios y contenidos, sino a una red restringida.

En el caso de las Telcos, es inevitable que aprecien este escenario como una oportunidad para mejorar sus recaudos y retornos de inversión, pues una red controlada puede ser mucho más rentable. Sin embargo, este escenario no es más que un espejismo de corto plazo, pues el éxito de Internet radica en su libertad; en la medida en que se agudice la concentración de servicios y contenidos y se rompa la neutralidad, los actores que componen la cadena de valor se reducirán sistemáticamente y la red terminará siendo un recurso de servicios y accesos privilegiados para unos pocos.

En pocas palabras, la base de consumidores y usuarios que nutre a las Telcos podría verse reducida tanto en número como en capacidad de pago. También es predecible, en dicho escenario, la aparición de nuevas formas de conexión y de uso solidario de datos, que permitirían a muchos usuarios acceder a Internet sin contratar planes individuales con las Telcos, algo que también iría en detrimento de la rentabilidad.

Tanto para las Telcos como para los usuarios, la neutralidad de la red es un seguro democrático y una fuerza galvanizadora que motiva la innovación y el crecimiento del mercado. Los supuestos beneficios de las políticas que buscan desmontarla son un espejismo. Todos los actores del sector, por su propio beneficio, deben comprometerse con disminuir la brecha digital que hoy amenaza con ampliarse peligrosamente.

Por:

GABRIEL E. LEVY B.

SERGIO A. URQUIJO M.

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