¿DESAPARECERÁ EL INTERNET QUE CONOCEMOS?

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A principios de octubre, el Senado de Estados Unidos ratificó a Ajit Pai como presidente de la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC), entidad en la que ya ejercía como comisionado desde 2012. Pai fue designado presidente interino tras la renuncia de Tom Wheeler , luego de que Donald Trump asumiera la presidencia de Estados Unidos, y estaba pendiente la ratificación del Senado para liderar la Comisión con plenas funciones por los próximos 5 años.Aunque este nombramiento podría considerarse como un asunto rutinario e interno de ese país, en realidad es un punto de inflexión que podría cambiar para siempre el Internet que conocemos, ya que Pai, al igual que el presidente Trump, siempre se ha opuesto al principio neutralidad de red. Ambos han afirmado en reiteradas ocasiones que este “es un problema que simplemente no existe”.

¿Qué implicaciones tendría desconocer la neutralidad de la Red?

En esencia, este es el principio que ha impedido que los ISPs puedan imponer condiciones preferentes de tráfico en sus redes; por ejemplo, un proveedor de Internet no pueda limitar ni beneficiar el tráfico que genera en sus redes cierto tipo de servicios como Netflix, Youtube, Facebook, Hulu o Amazon, pues bajo el principio de neutralidad se debe suministrar la misma velocidad y capacidad de transmisión de datos para cualquier servicio o contenido.

A lo largo de la historia de Internet, el respeto por la neutralidad ha sido una constante tácita, asumida tanto por proveedores de red como por generadores de contenidos. Desde un punto de vista ético y político, se ha mostrado esencial para garantizar las libertades civiles dentro de la misma red, conservando el espíritu global, democrático, diverso, emprendedor y plural que la ha caracterizado.

Ante las amenazas surgidas durante los últimos años contra esta, promovidas principalmente por algunos cableros en los Estados Unidos, el expresidente Barack Obama se convirtió en su mayor defensor, respaldado por Wheeler, quien logró definir criterios objetivos de protección y reglas regulatorias claras.

Con la posibilidad de que la neutralidad de red sea desconocida desde la regulación estadounidense, que rige las más importantes empresas de Internet del mundo, en los próximos meses podríamos estar frente a un escenario en el que los cableoperadores podrían decidir “hacer justicia” por sus propias manos en la larga querella contra las OTT, y comiencen a sancionar lo que ellos han denominado la “competencia desleal” —bastante hemos comentado la disputa surgida ante lo que muchos cableros consideran el comportamiento parasitario de aquellos servicios que compiten por el servicio de video sin pagar compensación por el uso de las redes—.

En otras palabras, podríamos estar presenciando restricciones de tráfico a las OTT por cuenta de los cableros, como también podría ocurrir un cambio a favor de las OTT más grandes, si los cableros que suministran Internet deciden beneficiar a empresas que paguen un mayor importe por el servicio, lo que perjudicaría inmediatamente a las empresas más pequeñas.

Si bien en algún sentido podría parecer justa una intervención diferencial en el tráfico de datos, como mecanismo de equilibrio del mercado, en realidad se estaría abriendo una caja de Pandora que podría amenazar seriamente el sentido de Internet tal y como lo conocemos, pues permitiría un tipo de control “mercenario” en manos de agentes privados. Si bien esta es una regla usual en el mercado, la importancia creciente de Internet para la democracia y la libertad de expresión pone el debate en un terreno más amplio que el solo mercado. Desmantelar la neutralidad atentaría con las libertades que han consolidado la gran red global, un universo plural que ha impulsado la innovación, la libertad de expresión, las industrias culturales y, sobre todo, la participación de los ciudadanos.

Quebrantar la neutralidad de Red puede terminar significando una fractura estructural de Internet, con consecuencias mucho mayores que la simple reorganización del mercado. Es por eso que organismos internacionales como Unesco y la OEA han insistido siempre en que las asimetrías regulatorias deben ser resultas solamente por los Estados, por la gobernanza autónoma de Internet y por acuerdos consensuados entre los actores que participan en la red.

Por:

GABRIEL E. LEVY B.

SERGIO A. URQUIJO M.

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