EL INTERNET QUE YA NO SE PARECE A INTERNET

EL INTERNET QUE YA NO SE PARECE A INTERNET
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Internet es básicamente un complejo sistema descentralizado de redes de datos interconectadas a través del protocolo denominado TCP/IP (Protocolo de Control de Transferencia sobre Redes IP), que constituye una red lógica única, de alcance mundial. Su génesis se remonta a 1969, en el marco del proyecto APRA (hoy DARPA), cuando surgió en Estados Unidos bajo el nombre de ARPANET, un modelo de interconexión de computadoras ⎯parte de un proyecto militar⎯ diseñado por las universidades de California en Los Ángeles ⎯UCLA⎯ y Stanford.

A lo largo de los años la principal característica de Internet ha sido su permanente evolución y reinvención. La Red tiene la capacidad de transformarse estructuralmente a sí misma, al punto que el Internet que hoy utilizamos, tanto en su interfaz como en los usos que le damos, muy poco o nada se parece al Arpanet de los 70, a la Web de los 90 o incluso al Internet del siglo XXI.

¿Es tan diferente el Internet de finales del siglo XX al Internet actual?

Aunque la Red sigue utilizando el mismo protocolo TCP/IP que hizo posible el proyecto Arpanet, y se sigue tratando en esencia de procesos comunicacionales, el Internet que hoy en día utilizamos y que están conociendo las nuevas generaciones es completamente diferente en su forma, fondo, aplicaciones, dispositivos, procesos, nodos y estructura.

Una Red de redes locales

Una de las principales características del Internet que usamos actualmente es que la mayor parte del tráfico consumido por los usuarios es en realidad tráfico local. Esto se da porque los grandes generadores de datos (Netflix, Google, Facebook, etc.) instalan un tipo de data centers ⎯centros subsidiarios para la redistribución de los datos⎯ denominados CDN, en las sedes de los proveedores de Internet. En dichos centros se hospedan copias exactas y continuamente actualizadas de la información disponible en sus servidores centrales.

De esta manera cuando un usuario ve una película en Netflix o un video en YouTube, este se encuentra almacenado en un servidor local cerca de la ciudad del usuario, no en California, y el tráfico que genera no sale de la red privada del proveedor. Según cifras oficiales de Akamai, para el año 2017 el 57% del tráfico promedio que consumen los usuarios es de tipo local y no sale a redes internacionales y se estima que para el año 2020 esta cifra superará el 65%.

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Una Red Concentrada en unos pocos

Para finales de la década de los 90, ninguno de los servicios disponibles en Internet superaba el 5% del tráfico total global, y para el año 2009 ninguno alcanzaba el 10%. Pero en 2018, solo Netflix respondió por el 15% del tráfico global; YouTube, por el 11,4%; el conglomerado de todos los servicios de Google acumuló alrededor del 18% y Facebook, con WhastApp, waze e Instagram, alcanzó el 11% de todo el tráfico de la Red. Esto significa que aproximadamente el 44% del tráfico total de Internet está concentrado en 3 compañías (Norte Americanas), y todo lo anterior está basado en cifras oficiales de Alexa (Amazon) y en estudios comparados publicados por el portal Statistas y por The Global Internet Phenomena Report.

En síntesis, casi la mitad del tráfico generado en Internet pasa por las manos de 3 compañías, todas ellas con origen en el mismo país, los que constituye una concentración peligrosa de servicios que distorsiona significativamente el principio de diversidad que inspiró la red en sus inicios. Aquellas épocas en que los usuarios visitaban en una misma sesión decenas de páginas web con múltiples servicios, en una especie de navegación libre y espontánea, pareciera estar desapareciendo para dar paso a un consumo hegemónico de servicios concentrados en un muy limitado número de plataformas.

Una red de video

Pensar que el video se podría reproducir en Internet durante la década de los 90 parecía una utopía, un asunto tecnológico casi imposible de resolver. No obstante, para los primeros años del siglo XXI el video ya representaba el 5% del tráfico total de la red, y para 2018 el 57,7% del tráfico total generado en la red corresponde a video, del cual aproximadamente el 30% se distribuye por plataformas de origen estadounidense.

Podríamos afirmar que Internet se convirtió en una red de videos, un tipo de contenido que sin duda es el nuevo rey del ciberespacio. No solo se trata de Netflix y YouTube; medios sociales como Facebook e Instagram cada vez más apuntan a privilegiar la producción y distribución de video.

Ya poco queda de aquellos insipientes primeros pasos del HTML que solo transportaba texto y una que otra foto. Ahora prácticamente todos los contenidos disponibles en la red de una u otra forma involucran video.

Una Red móvil y portable

En sus inicios internet fue una red de puntos y conexiones fijas, ya fuera telefónicamente o por cables sofisticados, en esencia las oficinas, casa y cafés eran por excelencia el punto de conexión a la red. Con la aparición del Smartphone esta tendencia cambió, durante los primeros años de este siglo las conexiones móviles no alcanzaban el 10% pero ya para la segunda década superaban el 20% y según estimaciones de Amazon para principios de la tercera década las redes móviles superarán las fijas en tráfico, una vez se consolide el 5G.

En la actualidad las personas llevan Internet en su bolsillo, un Internet nómada, portable y móvil, que acompaña todas las actividades cotidianas y hace presencia permanente en la vida de las personas, ya sea en un autobús, una cafetería, el parque, la calle y lo que parecía imposible: Los aviones.

Una Red convergente, multiplataforma y de las cosas

La relación entre computador e Internet durante el siglo pasado fue indisoluble, muy pocos equipos diferentes a un computador tradicional podían conectarse a Internet. Con el paso del tiempo el fenómeno de la digitalización permitió que prácticamente todos los aparatos pudieran computarizarse y esto derivó en que muchos de ellos hoy están conectados a internet, algunos simplemente como interfaces de usuarios humanos y otros de manera autónoma cumpliendo tareas específicas para las que fueron diseñadas, razón por la cual compartimos una red con otras personas y cosas, es decir que ya no es solo una red social, de comunicación entre personas.

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Una red de boots y robots

Si nos concentramos en la información que se distribuye por Internet, ya sean correos electrónicos, publicaciones en sitios web y blogs, noticias, entre otras muchas fuentes, encontramos que, de acuerdo con un informe presentado en febrero de 2017 por la consultora de seguridad Imperva, el 51,8% de esta información ha sido producida por boots o algoritmos automatizados (robots), y solo el 48,2% proviene de fuentes humanas. En el caso de los contenidos automatizados, el mismo estudio concluye que alrededor del 28,9% tienen un propósito ilegal, como spam, hackear cuentas, robar datos y distribuir noticias fakes, las tan de moda noticias falsas.

Lo anterior nos llama a comprender que estamos ante una red plagada de información automática, mucha de ella irrelevante, repleta de información basura, inexacta y mal intencionada.

Inteligencia colectiva y colaborativa

Pero si bien existen muchas amenazas a la libertad en Internet, no todo son malas noticias, pues la red también se ha convertido en un extraordinario y sin precedente tanque de pensamiento y libertad. Un proyecto como Wikipedia se ubica como el quinto servicio con más tráfico global; está compuesto por más de 5,7 millones de artículos enciclopédicos en inglés producidos de forma colaborativa por personas alrededor del mundo, mientras en español la enciclopedia está próxima a romper el récord de los 2 millones de artículos.

Aunque este tipo de proyectos se presta para que haya imprecisiones en la información, su modelo de inteligencia colaborativa permite la permanente depuración de los artículos, convirtiéndose de esta forma en el banco de información más grande construido hasta ahora por la humanidad.

En conclusión, hoy en día navegamos una red compuesta principalmente por video, con muchos contenidos automatizados, portable, móvil y convergente, la cual compartimos con aparatos, en donde aún se conservan rasgos de su dimensión original colaborativa. Sin embargo, muy poco queda de aquella red plural, diversa y experimental, que ahora se concentró en unos pocos agentes de mercado.

Pero, en contra de todas las circunstancias, de la alta concentración y del imperio de la rentabilidad, Internet sigue tratando de ser el lugar de expresión, diversidad, colaboración y aprendizaje que sus fundadores y desarrolladores soñaron hace 40 años.

Por:

Gabriel E. Levy B.

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