¿Está en riesgo la neutralidad de la Red?

¿Está en riesgo la neutralidad de la Red?
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Los últimos años en el mundo de las telecomunicaciones han estado marcados por los debates respecto a la neutralidad de la red. No se trata de una simple polarización o de intereses opuestos; más bien es un amplio espectro de posturas, visiones e intereses muchas de las cuales buscan últimas promover o evitar un mayor intervencionismo en Internet.

Estas posturas se debaten entre la defensa de la libertad de expresión y la viabilidad de los modelos económicos derivados de la presentación de los servicios de acceso a la red.

En Estados Unidos, sede de los mayores centros de control de la red, hasta ahora los gobiernos de la era de Internet habían mostrado posturas tibias o de clara defensa de la neutralidad. Pero el gran giro intervencionista dado por el actual gobierno que, por primera vez desde la aparición de la red, ha declarado abiertamente su interés en alterar las reglas de neutralidad, ha desatado las alarmas en la industria y la sociedad.

Esta semana, la sociedad estadounidense presenció un episodio que posiblemente marcará un punto de inflexión en el debate. Telcos, empresas de contenidos, medios sociales, grupos de derechos civiles y facciones políticas se unieron para protestar contra las decisiones del gobierno Trump.

La movilización, según han dado a entender voceros de las mayores compañías de Internet del mundo, tiene el claro objetivo de defender la neutralidad de la red: el principio no escrito pero ampliamente aceptado por el que todo usuario de la red tiene derecho a la misma velocidad de transmisión de datos, el mismo alcance y la misma capacidad de descarga por parte de los usuarios.

Compañías como Netflix, Amazon, Spotify, Soundcloud y Twitter siguieron así el esfuerzo decidido de Facebook y Google para evitar que el ancho de banda y otras características de una Internet libre se conviertan en simple mercadería, poniendo en riesgo no solo la libertad de expresión, sino también la real innovación empresarial y el vigor del mercado.

Los planes anunciados por Ajit Pai, el nuevo director de la Federal Communication Comission (FCC), órgano regulador convergente de las comunicaciones en Estados Unidos, incluyen anular la designación de Internet como un servicio público, degradando los derechos de los usuarios y por consiguiente dejando abierta la puerta para que los operadores ISP, Telcos, Mayoristas y hasta CDNS, se sientan con derecho a calificar, privilegiar o sancionar ciertos tipos de contenidos, favorables o contrarios a sus intereses.

El calificativo de servicio público para Internet, entre otras muchas otras medidas proteccionistas, fueron aprobados y promovidas por la administración Obama y representó un gran triunfo de los movimientos pro libertad de expresión, pero el ala más mercantilista del mundo empresarial, representada por la administración Trump, lo consideró un límite al desarrollo empresarial al evitar que un bien tan importante económicamente pueda ser explotado según su posición en el mercado y no según su valor social y cultural.

Lo más sorprendente del movimiento Día de Acción, como se ha denominado a este reciente fenómeno de protesta, es que no solo está respaldado por las empresas tradicionalmente libertarias, sino que incluye a compañías que se han opuesto a una neutralidad rigurosa, en un movimiento contra las decisiones de la administración Obama y que fue encabezado por la Asociación Nacional de Cable y Telecomunicaciones (NCTA) y la Asociación de Compañías Celulares (CTIA).

El caso más destacado es AT&T, quien en un comunicado de su vicepresidente, Bob Quinn, afirmó que “AT&T se unirá al Día de Acción para preservar y avanzar hacia una Internet abierta. Esto puede parecer anormal para muchas personas que pueden cuestionar que AT&T se una con aquellos que tienen un punto de vista diferentes sobre cómo asegurar una Internet abierta y libre. Pero ese es exactamente el punto: todos acordamos en que Internet abierta es crítica para asegurar la libertad de expresión y el libre flujo de ideas y comercio en Estados Unidos y alrededor del mundo”.

En el caso de América Latina se evidencias muchas visiones respecto al tema, existen gobiernos como el de Colombia, Chile, México, Perú, Paraguay y Costa Rica que siempre se han mostrado muy respetuosos de la neutralidad de la Red, mientras otros como Brasil, Venezuela, Nicaragua, Ecuador y Bolivia se han inclinado en mayor o menor medida hacia políticas intervencionistas o límites a dichos principios, que en algunos casos han buscado limitar el alcances de redes sociales como Twitter o Facebook. En otros casos, se ha buscado imponer esquemas regulatorios a compañías como Netflix, Amazon o Ebay, o emitir juicios sobre los contenidos y servicios presentes en la red.

Finalmente se encuentran los países cuyas posturas han variado dependiendo el gobierno de turno, como Argentina, Uruguay, Guatemala y Honduras, que a lo largo de la historia se han movido de un extremo al otro de la balanza en las políticas regulatorias referentes a la neutralidad de la Red.

Es lógico que los ojos del mundo estén puestos sobre esta coyuntura en Estados Unidos, pues a pesar de la creciente globalización de los servicios de Internet, la mayor concentración de compañías del sector y gran parte de todos los datos almacenas en el mundo, están regidos por regulación estadounidense.

En este panorama, lo más delicado es que el grueso del tráfico de Internet está dominado por compañías estadounidenses sujetas a las regulaciones de ese país. Por ejemplo, la corporación Alphabet, con sus productos y marcas Google, Youtube, Gmail, Earth, Drive, Calendar, Android, News, Maps y otros, representa alrededor del 28% del tráfico total global de Internet, según cifras reveladas por Akamai a partir de los datos de consumo reportados por sus servidores CDN a nivel global. Del mismo modo, los servicios de conectividad mayoristas son provistos en su gran mayoría por compañías como ATT, Sprint, Colombus Network, Level 3 y Comcast.

El gobierno de Trump lleva poco tiempo, por lo que este será el primero de muchos episodios respecto a este debate, en el que ciudadanos, empresarios y representantes del sector Telco deben estar muy activos y participativos, ya que lo que está en juego es Internet, tal y como la conocemos.

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