INTERACTIVIDAD TELEVISIVA: LA PROMESA INCUMPLIDA QUE AÚN ES POSIBLE

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En el mundo de la TV, tanto abierta como por cable, tiende a hablarse cada vez menos de la posibilidad de una TV broadcast interactiva, algo que hace unos años era un tema recurrente en el sector. El vertiginoso desarrollo del video en Internet y las plataformas de streaming ha hecho que gran parte del interés por un audiovisual con interacción y participación se desplace a la web y el video a la carta (VOD), y parece que la televisión emitida queda dedicada solo a un consumo pasivo.

Adicionalmente, el fracaso de primitivos sistemas interactivos como el MHP (Multimedia Home Plataform), GEM (Globally Executable MHP) o el Ginga, desinfló las expectativas mundiales respecto a la interactividad. Esto se debió no solo por lo pobre de la interfaz gráfica respecto a los sistemas web, sino también por las desordenadas estrategias de implementación, que no lograron alcanzar economías de escala y menos aún permitieron una apropiación por parte de las audiencias.

Pero si bien los ambientes web han logrado satisfacer la expectativa participativa de los usuarios y llevar a experiencias interactivas antes impensadas, la posibilidad de incorporar estos servicios en la televisión lineal (abierta, por cable o por satélite) no puede ser descartada, no solo por la vitalidad que puede aportarle a la industria, sino por las posibilidades de impacto social que puede desencadenar.

La televisión es un medio con más de medio siglo de presencia en los hogares del mundo; por su interfaz, penetración, apropiación y facilidad de uso, se convierte en un potente eslabón para la disminución de la brecha digital, pues es una tecnología simple y conocida para los usuarios. Por ello, logra evitar muchos de los prejuicios de un segmento de la población rezagado frente a otras tecnologías más recientes y más complejas, como las computadoras, smartphone y tabletas. En otras palabras, es mucho más probable que un usuario sin experiencia en el uso de dispositivos digitales se arriesgue a experimentar interactivamente con un televisor más que con cualquier otro tipo de dispositivo, quizás ajeno a su entorno cotidiano y cultural.

¿Pero es posible lograr una verdadera experiencia interactiva televisiva?

Para abordar el tema podemos hablar de dos formas de interactividad relativas a la televisión conectada. La primera es utilizando un mismo dispositivo, es decir la interactividad simultánea al consumo del contenido mediante la misma pantalla del televisor, que puede utilizar una set-top-box (caja decodificadora) externa o un elemento incluido en televisores inteligentes o smartTV. La segunda forma es un consumo multidispositivo, que implica la recepción del contenido televisivo en un televisor, mientras el proceso de interactividad ocurre en otro u otros dispositivos, como smartphones o las tabletas.

Hasta ahora, en televisión abierta, el modelo con mejores resultados respecto al esquema mono dispositivo ha sido la televisión híbrida, particularmente el estándar HBBTV, Hybrid Broadcast Broadband Television, una plataforma de emisión de contenidos bajo demanda que combina los servicios de radiodifusión y banda ancha. Esta función puede definirse simplemente como el envío de televisión e Internet al mismo dispositivo, sea por smartTV o por sept-top-boxes especiales, para ser usadas mediante una misma interfaz de usuario. En Europa se trabaja principalmente con la función del botón rojo del control remoto, que permite alternar, e incluso usar simultáneamente (dependiendo del diseño) televisión e Internet a través del portal web del canal que está siendo consumido.

Si bien el HBBTV ha logrado en poco tiempo buenos resultados y cifras sorprendentes, como un 53% de penetración en Alemania, un 32% en España y un 28% en Francia (según cifras de Aedeti), el proceso aún puede considerarse en etapa de implementación, ya que la directiva europea para su implementación es relativamente reciente. Aunque esta obliga a todos los fabricantes a incluir el estándar, con menos de una década de expedición aún existen muchos receptores que no cuentan con esta tecnología.

Gracias al estándar HBBTV, cuando un usuario compra un televisor dentro de la Unión Europea, al conectarlo a su conexión domiciliaria de Internet puede acceder directamente a la biblioteca de contenidos del canal en la web, en el mismo televisor y de forma muy intuitiva, con solo hundir el botón rojo mientras sintoniza la señal del canal por TDT.

Por otra parte, en el caso de la televisión por cable, diversos fabricantes han desarrollado ambientes interactivos en sus plataformas, especialmente para IPTV, con varios entornos que permiten a los usuarios disfrutar de una valiosa experiencia. Estos permiten, entre otros servicios, acceder a guías de programación, enciclopedias en línea, entonos de video en demanda, navegadores web y servicios de entretenimiento como karaoke, videojuegos y experiencias inmersivas, que se convierten en un importante valor agregado para los operadores, fidelizando usuarios y eventualmente pudiendo monetizar nuevos servicios, aumentando su flujo de caja.      

De manera paralela, y posiblemente inesperada para la industria, emergió la segunda forma de consumo interactivo, el modelo multiplataforma, en el que un usuario interactúa con el contenido televisivo mediante el uso paralelo de otros dispositivos como el móvil o la tableta.

Esto condujo a un natural y espontáneo desarrollo de una relación entre el consumo televisivo, la navegación web y el uso de medios sociales (redes sociales tecnológicas como Facebook y Twitter). Millones de personas ya tienen la costumbre de una interacción multidispositivo: mientras ven su programa de TV favorito en la pantalla de un televisor, buscan información relacionada (como datos o marcadores deportivos) en la web, opinan en Twitter siguiendo una cuenta o a través de un hastagh, miran fotos en Instagram e intervienen en foros y hasta hacen spoiler en Facebook.

Si bien, como dijimos, este comportamiento de interacción y navegación asociado a la TV se ha dado en general de manera espontánea, los canales y operadores de TV están aprendiendo a aprovecharlo y a orientar a sus audiencias para reforzar así los lazos entre ambas partes del consumo audiovisual.

Sin importar cuál sea la forma de interacción (en una o varias pantallas, con uno o diversos dispositivos) lo importante es aprovechar todas las tecnologías disponibles para promover la inclusión digital y a su vez disminuir la brecha digital; al tiempo que se promueven experiencias de consumo mucho más interactivas, inmersivas y divertidas para televidentes cada vez más exigentes y participativos.

Por:

GABRIEL E. LEVY B.

SERGIO A. URQUIJO M.

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