Los irreparables daños de Netflix en las economías de Latinoamérica

Los irreparables daños de Netflix en las economías de Latinoamérica
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Sin duda alguna Netflix es uno de los emprendimientos tecnológicos y culturales más innovadores de los últimos tiempos, no solo por su amplia oferta de contenidos audiovisuales, sino por la calidad de su interfaz, lo versátil del despliegue de su plataforma, lo sofisticado de sus algoritmos, la personalización de la oferta de programación y la variedad en sus propuestas de contenidos externos y originales.

Gracias a Netflix las familias latinoamericanas, incluso las de ingresos moderados, pueden sentarse a disfrutar de miles de horas de contenidos de gran calidad, convirtiéndose tal vez en la mejor experiencia de entretenimiento en toda la región.

Pero si bien Netflix ha mejorado enormemente la experiencia del consumo audiovisual, el impacto en las economías latinoamericanas es alto e irreversible, provocando un enorme daño que impacta directamente en nuestras industrias tecnológicas y culturales.

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¿De qué manera Netflix perjudica las economías e industrias culturales en Latinoamérica?

  1. Dumping:

Netflix es una compañía que trabaja a perdidas operacionales, es decir, sus gastos o lo que invierten en contenidos es muy superior a lo que recibe por cuenta del aporte mensual de sus afiliados, las cifras reales nunca han sido publicadas de manera oficial, pero algunos expertos de Wall Street dedicados a estudiar la compañía le revelaron a la prensa que estimaban para el año 2017 perdidas  que superaban los 20 mil millones de dólares.

La estrategia empresarial y de mercado de Netflix busca atraer masivamente suscriptores, algo que indiscutiblemente ha logrado, ya que para 2018 alcanzó los 117 millones de usuarios,  trasladando este crecimiento al valor bursátil de la compañía, en una clara maniobra especulativa en donde en virtud del número de suscriptores y de su altísimo flujo de caja, han logrado una valoración estimada de la corporación en bolsa de más de 100 mil millones de dólares, cifra que incluso han logrado registrar como capitalización en títulos accionarios.

La práctica de vender contenidos a pérdida es conocida en el lenguaje de los economistas como: Dumping:

“Práctica de vender por debajo del precio normal o a precios inferiores al costo con el fin de eliminar a la competencia y adueñarse del mercado.” ​ Diccionario de economía

Cuando se vende por debajo de los costos del mercado, la consecuencia inevitable es que se elimina la competencia y la compañía que lo practica se apropia de este, algo que en el caso de América Latina es indiscutible, pues de lejos Netflix se ha convertido en la principal plataforma OTT de consumo, con una distancia tan grande de sus competidores, que es posible prácticamente afirmar que no tiene una competencia real.

Por su parte los usuarios de Netflix se han acostumbrado a pagar un valor muy inferior al del servicio que reciben, creando unos hábitos de consumo muy lesivos para el mercado, pues los clientes no van a estar dispuestos en el futuro a pagar más dinero por un servicio de menor calidad, evitando de esta forma que puedan entrar otros agentes del mercado, desencadenando la siguiente grave consecuencia:

2. Posición dominante y monopolización

Si bien, la posición dominante y cuasi monopólica de NETFLIX en Latinoamérica podría atribuirse al modelo de la distribución de contenidos mediante plataformas Over The Top; el impacto de esta monopolización no solo afecta este segmento, sino todo el ecosistema de la industria audiovisual, desatando consecuencias nefastas en toda la industria de contenidos. Cualquier compañía en el negocio de la creación, producción y distribución, tendrá necesariamente que terminar adaptándose a las condiciones y reglas de juego del agente monopolizador del mercado o en caso contrario sus expectativas de supervivencia son nulas.

Como si este escenario no fuera lo suficientemente grave en cualquier economía de mercado, en el caso de Netflix es peor aún, pues no tienen oficinas en América Latina, no ha formalizado ante la industria sus representantes y mecanismos de negociación y la única manera de tener acceso a esta corporación, es través de algún importante contacto en Estados Unidos, por lo cual no existen oportunidades reales, transparentes, abiertas y trazables, para que las industrias culturales latinoamericanas puedan exhibir sus contenidos en estas plataformas.

3. Competencia desleal:

Netflix no paga impuestos en la mayor parte de los países de América Latina, tampoco aporta a los fondos universales o específicos, no está regulado, no está obligado a mantener cuotas de pantallas, no genera empleos en la región y por consiguiente no posee cargas parafiscales, tampoco tiene obligaciones para presentar cifras reales de la calidad y disponibilidad del servicio y lo más preocupante: Utiliza la infraestructura de sus competidores de mercado para distribuir sus contenidos.

Claramente Netflix juega sucio con todas las demás compañías que operan en el negocio de la distribución de contenidos, desde las video tiendas que quebró a nivel global, hasta la televisión por suscripción que es la más perjudicada, pues utiliza su infraestructura de red para llegar hasta los usuarios finales en condiciones absurdamente leoninas y desventajosas, es decir, todo lo anterior incluyendo el Dumping, la posición dominante y cuasi monopólica, la total ausencia de cargas laborales e impositivas, la asimetría regulatoria y como si fuera poco, las telcos y cableoperadores están obligados a regalarle su infraestructura de última milla para el transporte del servicio, por cuenta de la neutralidad tecnológica y de red.

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4. Hegemonización cultural:

Al no existir políticas claras en la región de cuotas de pantallas para Netflix, su presencia está marcada por una significativa y mayoritaria oferta de contenidos de origen internacional, especialmente en Norteamérica y aunque es justo reconocer que Netflix ha incorporado algunos contenidos producidos en la región, existe una notoria hegemonía foránea que podría poner en riesgo la identidad cultural de nuestros países y toda su riqueza sociocultural. Un análisis realizado en el 2016 por estudiantes de la Universidad de la Plata en Argentina, encontró que la oferta de contenidos nacionales ofertados por Netflix en la nación austral, correspondía a menos del 11% del total de los títulos accesibles y disponibles, en otras palabras más del 90% era de origen extranjero.

En conclusión, si bien Netflix se ha convertido en la mejor oferta de entretenimiento audiovisual digital en línea a nivel global y los usuarios en su gran mayoría están satisfechos con el servicio y los contenidos que ofrecen, que sin duda son de gran calidad; las prácticas corporativas de dumping, la posición dominante del mercado, la competencia desleal y la hegemonización cultural que oferta, representan una gran amenaza especialmente para América Latina.

Es extremadamente URGENTE y ya no existen más plazos posibles para que los gobiernos de la región regulen la presencia de Netflix, se necesita fijar tasas impositivas regulares (tal y como lo hizo Colombia y Brasil), definir valores de contraprestación para los fondos universales y específicos, exigir mínimos de cuotas de pantalla (como lo pretende la nueva directiva Europa) que en ningún caso deben estar por debajo del 20%, obligarlos a establecer oficinas locales y socializar públicamente los mecanismos de negociación para los contenidos, exigir niveles mínimos de la satisfacción y disponibilidad del servicio y lo más importante, garantizar una negociación con las telcos y cableoperadores, que garanticen condiciones de contraprestación justas por el uso abusivo de la infraestructura.

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Si los gobiernos de América Latina no toman esta medida de forma urgente, podríamos estar dejando en grave riesgo de supervivencia a las industrias locales y nacionales de creación y distribución de contenidos, lo que a su vez conlleva a un potencial riesgo para las economías y la generación de empleo en toda la región, es un tema que, de no intervenirse ahora, podría traer consecuencias colosales.

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Por:

Gabriel E. Levy B.

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