SEGUNDAS PANTALLAS: ¿PROPIAS O RENTADAS?

SEGUNDAS PANTALLAS: ¿PROPIAS O RENTADAS?
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El crecimiento de las denominadas plataformas Over The Top (como Hulu o Netflix) es sin duda el fenómeno más singular y observado del momento en la industria, principalmente porque en muy poco tiempo han logrado consolidarse como alternativas de entretenimiento audiovisual de alto consumo, no solo en países desarrollados, sino también en Latinoamérica.

Desde la perspectiva que ampliamente hemos analizado en este espacio de Andinalink, las OTT no necesariamente son una amenaza para el consumo de televisión tradicional, pues los indicadores que el mercado arroja evidencian que se consolidan como complemento y no como servicio principal; es decir, se comportan como segundas pantallas.

Por ello se vislumbra como una necesidad comercial que los operadores de televisión por suscripción tengan alguna participación en este negocio complementario, que por ahora no es lo suficientemente rentable, pero que genera una atractiva alternativa fuente de ingresos.

Pero las condiciones no son fáciles para las pequeñas y medianas empresas de cable que quieren construir sus propias OTT para atender la demanda everywhere, everywhen de sus propios afiliados, mantenerlos fieles y atraer audiencias más digitales. Sin embargo, cada vez se evidencian más las dificultades y los altos costos que conlleva.

La mayor dificultad logística y financiera es la construcción de un catálogo de contenidos tan amplio y de tal calidad que pueda resultar atractivo a los suscriptores de la cablera y ser efectivamente usado. Una empresa deberá ofrecer al menos entre 500 y 1000 películas, además de cientos de series y documentales de calidad . Si no se dan unos estándares mínimos, la empresa estará manteniendo un negocio bastante costoso e inviable e incluso puede perder prestigio por un catálogo pobre e insatisfactorio.

Este modelo de negocio exige, además, una renovación constante de contenidos, pues las personas estarán buscando ávidamente novedades y sorpresas. También deben negociarse productos diversos, que incluyan material local e internacional y espectáculos musicales y deportivos.

Contar con una OTT implica además construir una plataforma online especialmente estable y capaz de soportar un repositorio de contenidos suficiente, además de diseñar apps funcionales y usables para todo tipo de dispositivos: televisores, set-top-boxes, consolas, entre otros, sin contar la negociación que debe realizar con operadores de data centers (CDNS), para soportar el alto tráfico de consumo, costo casi imposible para un pequeño o mediano cableoperador.

Por supuesto existen alternativas interesantes, como generar una OTT especializada en cierto tema: deportes, artes, local, etc. Esta opción puede ser viable para una productora o canal especializado, pero difícilmente para una empresa de cable.

El obstáculo principal ni siquiera radica en estas exigencias, sino en la forma como se ha dado la competencia en el sector. Con un monstruo en crecimiento como Netflix, alternativas muy sólidas como HBO GO y la entrada de Amazon Online Video en el mercado latinoamericano, incluso los grandes conglomerados regionales del sector la tienen difícil. Como evidencia, aún con todo el recurso que ha invertido el grupo Slim Claro, el modelo de negocios de Claro Video no despega aún.

¿La mejor opción para los cableoperadores? Hay que partir de que, con el actual panorama del mercado, dejar de lado la modalidad OTT no es una buena idea; podría dejar a la compañía definitivamente fuera del mercado en pocos años. No obstante, pueden hacerse alianzas con grandes empresas OTT, es decir que, en vez de implementar toda la infraestructura, pueden rentarla, adquiriendo un servicio en conjunto basado en promociones o una selección específica de contenidos y para este propósito existen muchas alternativas.

Para este efecto, ya comienzan a consolidarse las OTT de marca blanca, que suministran toda la infraestructura al cablero, que se encarga de la comercialización y recaudo. También están las alianzas verticales, como fue la compra de Warner por parte de AT&T, o modelos muchos más simples, como las alianzas comerciales que viene emprendiendo Milicom (TIGO) con Netflix, vínculos que obligan a que otros competidores como Amazon, Hulu y el mismo Claro Video tengan que recurrir a los pequeños distribuidores para difundir masivamente su servicio a nivel global y en poco tiempo.

Las oportunidades están servidas para los operadores de TV por suscripción. En este panorama, la competitividad no se basa en tener mucho dinero, sino en contar con la suficiente habilidad para integrarse a una cadena de valor en constante movimiento.

Por:

Gabriel E. Levy B.

Sergio A. Urquijo M.

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