La geopolítica de la conectividad submarina

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Foto: Tom Nora en Unsplash

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Los cables submarinos que atraviesan mares y océanos son la columna vertebral de Internet. Por décadas, sus principales promotores fueron las corporaciones de telecomunicaciones, aliadas a los gobiernos.

Ahora las grandes tecnológicas, como Facebook, Google y Amazon, empiezan a tomar el mando en las  inversiones de este segmento, tal y como está ocurriendo con un ambicioso proyecto o para unir las crecientes economías del sureste de Asia con sus matrices en Estados Unidos.

¿Cuál es el impacto del nuevo proyecto submarino de las High Tech?

Por: Gabriel E. Levy B. y Sergio A. Urquijo M.
www.galevy.com

Cuando pensamos en la infraestructura de internet nos vienen a la mente imágenes de antenas, cables subterráneos, postes y hasta satélites. Pero pocas veces pensamos en la verdadera columna vertebral de la red: los larguísimos cables submarinos de fibra óptica que hacen posible la transmisión de los enormes volúmenes de datos requeridos para garantizarle conectividad a cientos de millones de personas en todo el planeta.

La red global de más de 400 cables submarinos distribuidos por los mares del mundo[1], son costosos y requieren gran despliegue tecnológico, por lo que han sido tradicionalmente promovidos por grandes compañías de conectividad, con fuertes inversiones de los Estados. Compañías como CW Networks, ATT, America Móvil, Sprint,, News Corporation, Verizon, Deutsche Telekom o Vodafoposeen son las propietarias de la mayoría de las redes de fibra óptica submarinas en el mundo, especialmente las que atraviesan el atlántico norte[2].

 

Los generadores de contenidos también quieren controlar la infraestructura

A medida que las grandes empresas tecnológicas de plataformas de contenidos, como Amazon, Microsoft, Google y Facebook comenzaron a demandar más ancho de banda para la trasmisión de datos, apareció también la necesidad de tener un mayor control sobre la infraestructura, es decir soberanía de redes, disminuyendo de esta forma el riesgo asociado a la falta de gestión de la infraestructura, en otras palabras evitar un desalojo virtual, que si bien en teoría no es posible por el principio de neutralidad de red, es un riesgo latente.

Es por lo anterior que en 2016, las compañías gestoras de contenidos, impulsadas por la explosión de la demanda de video y las ventas online, empezaron a invertir, primero en proyectos liderados por las telcos, y luego en sus propias iniciativas de conectividad, con múltiples tecnologías, tanto experimentales como tradicionales.

En esos cinco años, Google pasó de depender de cables ajenos a tener participación en el 8,5% de la extensión de cables submarinos de mundo, calculada en más de 1’200.000 kilómetros[3].

Los mismos pasos los siguieron Facebook, con 91.000 km de cables; Amazon, con 30.500, y Microsoft, con 6.600 km. Y así, de repente, estos nuevos actores comienzan a ocupar un importante nicho en la más fundamental infraestructura de comunicaciones del momento.

La palabra clave: la nube

La pregunta es. ¿por qué se volvió tan fundamental para estas empresas ser propietarias de unas redes que antes alquilaban? La respuesta está en el concepto de nube, que paradójicamente se refiere a algo que está en servidores terrestres y CDN repartidos por todo el planeta y cuya trasmisión de datos, en un 96%, transcurre por los oscuros y helados fondos oceánicos. Tan solo una mínima parte, menos del 3% del tráfico troncal de datos de internet usa satélites o espectro, especialmente para servicios de última milla, aunque la llegada del 5G seguramente aumentará dicho porcentaje.

La enorme cantidad de información almacenada en dicha nube requiere no solo transmisión estable, sino además velocidad y baja latencia, lo que obliga tanto a los proveedores de almacenamiento (el mayor del mundo es, precisamente, Amazon) como a los servicios que mas usan ese almacenamiento (como Google, con Youtube y Drive) a disponer de más y más cables.

Del mismo modo, se esperaba que Netflix, cuya plataforma a 2020 ocupaba la asombrosa cifra de 37% del trafico de datos interno de Estados Unidos, que se replica en sus suscriptores internacionales, entrara también a invertir en los cables submarinos. Sin embargo, la compañía no ha manifestado intención de hacerlo, y más bien ha optado por una gran inversión en CDN[4].

Por otro lado, a la superautopista submarina entre Estados Unidos y Europa le apareció una seria competencia: la autopista del Pacífico, que une el mercado estadounidense con Japón y con las crecientes y prometedores economías del sureste asiático (recordemos que, por ejemplo, Indonesia es el cuarto país más poblado del mundo, y esos 300 millones de habitantes aumentan su consumo de internet año a año).

Internet: en el centro de las intrigas geopolíticas

Por supuesto, el gran actor que cambió el equilibrio en el negocio de los cables del siglo XXI es China, y fue hacia China a donde se dirigieron todas las miradas de los inversionistas occidentales. Tanto que el mayor megaproyecto de las tecnológicas Google, Facebook y Amazon, CAP-1, comenzó en alianza con China Mobile y partía del puerto de Hong Kong para llegar a California, pasando por Filipinas. El cable de seis hilos de fibra óptica que permitirán una capacidad de transmisión de 108 Tbps, estaba pensado para tener 14.000 kilómetros de longitud, y ser inaugurado en 2022[5].

Sin embargo, en 2019 al proyecto se le interpuso la guerra comercial y política entre el gobernó de Donald Trump y China, causada en parte por la alarma ante el creciente control de la información mundial por el gigante asiático y en parte por la necesidad populista de encontrar un enemigo externo que “amenazaba” el comercio estadounidense.

Tras la polémica acusación de que Beijing estaba usando las redes de datos en las que invertía para robar información esencial a los demás países, la administración Trump lanzó un plan llamado Redes Limpias. Este presionó a los inversionistas del país para que las nuevas redes no tocaran centros controlados por China. Con este panorama, China Mobile se retiró del proyecto CAP-1, y otros proyectos, como la red de Google y Amazon “Apricot”, que reforzará las comunicaciones entre Japón, Taiwán, Guam, Filipinas, Indonesia y Singapur, también dejaron a China y a sus compañías fuera.

Aunque con el pronto final de la administración de Trump y sus medidas populistas es casi seguro que dichas medidas se relajen y China vuelva a hacer parte de dichos planes, lo cierto es que la coyuntura dejó el megaproyecto en manos de las tecnológicas y algunos aliados de la telefonía móvil, con lo que puede esperarse una nueva era en el tráfico submarino de internet. Una era en la que estas empresas pueden superar en tendido de cables a sus anteriores proveedores, las telcos, y así cambiar todo el equilibrio de la ya concentrada y altamente privada infraestructura de la red.

En Conclusión, la conectividad submarina es la principal infraestructura tecnológica que soporta y aloja la denomina NUBE, gracias a los cables de fibra óptica que atraviesan océanos y conectan continentes, cientos de millones de personas acceden a diario a la red, lo que ha convertido esta tecnología en la más neurálgica para el control de la geopolítica contemporánea, razón por la cual gobiernos y proveedores de tecnología han invertido colosales sumas de dinero, en un  esfuerzo al que ahora se suman los proveedores de contenido como Google, Amazon o Facebook, que en busca de mayor soberanía, impulsan proyectos de conectividad submarina alrededor del mundo entero.

 

[1] https://www.newtral.es/infraestructura-internet-duenos/20210707/
[2] https://www.xataka.com/otros/asi-es-el-mapa-de-todos-los-cables-submarinos-que-le-dan-forma-a-internet
[3] https://broadbandnow.com/report/google-content-providers-submarine-cable-ownership/
[4] https://blog.telegeography.com/stranger-things-why-netflix-isnt-behind-new-submarine-cable-builds
[5] https://www.elmundo.es/tecnologia/2021/08/17/611b5ee7fc6c8355428b4698.html

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