IA: La Nueva Brecha entre Hombres y Mujeres

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Un reciente estudio reveló que mientras la mitad de los hombres dice usar herramientas de IA generativa, solo el 37% de las mujeres las usa.

No es una brecha pequeña, ni es algo técnico sin importancia, es una señal, de esas que cuando se ignoran, terminan ampliando desigualdades que ya estaban ahí. TODO esto, aunque no siempre se diga, pesa.

Brecha Digital: La Vieja conocida que se repite una y otra vez

Por: Gabriel E. Levy B.

El estudio evita las explicaciones rápidas. No tiene que ver con la edad, ni con el nivel educativo, ni con los ingresos.

Muchas mujeres sienten que no están lo suficientemente preparadas, miran con más cuidado los riesgos, y se preocupan más por la privacidad.

Ese “no estar listas”, o “sentirse preparadas”, no surge de la nada, es el resultado de una historia larga de exclusión, explícita o silenciosa, de los espacios tecnológicos.

Algo que se arrastra, y se nota.

No hace falta ir muy lejos en el tiempo para ver patrones parecidos. Cuando internet empezó a masificarse en los noventa, el guion fue similar. Los hombres ocuparon foros, blogs y espacios de programación, mientras muchas mujeres quedaban como usuarias pasivas, o secundarias.

Algo así ocurrió luego con los videojuegos, las criptomonedas o el desarrollo de software. TODO se repite, aunque cambien las herramientas.

Durante años se dijo que era una cuestión de gustos personales, casi como si existiera una predisposición natural. Sin embargo, estudios posteriores mostraron que el problema no era el interés, sino la falta de inclusión sostenida y, sobre todo, social.

Ya en 2021 el World Economic Forum advertía que, sin políticas activas, cerrar la Brecha de Género en empleos tecnológicos podría llevar más de 130 años.

Y eso fue antes de la explosión de la IA generativa, es decir del Boom.

Hoy el riesgo es que esa distancia no solo se mantenga, sino que se amplíe, tanto en el acceso como en los beneficios que ofrece esta Tecnología.

Más carga para la Brecha digital que baja muy lento en Latam

Los resultados de este estudio no ayudan para nada en los indicadores, por el contrario, Aumentan la ya muy marcada Brecha Digital en Latinoamérica.

Cuando se trata del concepto de Brecha Digital, es importante abordar múltiples dimensiones, tanto académicas como técnicas, toda vez que no nos referimos a un fenómeno particular, sino de la sumatoria de consecuencias y asimetrías derivadas de los procesos de implementación tecnológica, en comunidades y grupos sociales.

Para Benjamin M. Compaine, autor del libro The Digital Divide, el concepto de

“brecha digital” se refiere a la división percibida “entre aquellos que tienen acceso a las tecnologías de la información y la comunicación contemporáneas y aquellos que no”

 razón por la cual aquellos que no tienen este acceso, terminan quedándose en una evidente desventaja económica y social respecto de los demás.

En términos prácticos, en el momento histórico actual, se reconoce socialmente como factor determinante para medir la brecha digital: “La falta de acceso a Internet”, ya sea por la ausencia de conectividad, la mala calidad de esta o por el desconocimiento en su uso, siendo estos tipos de brechas, posiblemente las más estudiadas y analizadas hasta ahora.

En América del Sur, alrededor de 120 millones de personas no cuentan con acceso a Internet en la región y 302 millones aproximadamente, si lo tienen. Con un acceso del 70% y una proporción equivalente al 70/30. La cifra de centro américa y el caribe es similar con una relación de 67/33.

Si bien a simple vista las cifras de Latinoamérica no parecieran ser tan desalentadoras como las de África (27/73), existen otras variables decisivas y que no son tenidas en cuenta en muchos de los informes y de las estadísticas: El ancho de banda que en términos simples se traduce en velocidad de conexión.

Las que desconfían del algoritmo

El trabajo publicado en ScienceDirect se apoya en la Survey of Consumer Expectations del Banco de la Reserva Federal de Nueva York.

Allí se consultó a personas en Estados Unidos sobre el uso de herramientas de IA Generativa como ChatGPT, DALL·E, Claude y otras similares.

Las diferencias saltan a la vista, casi sin esfuerzo. Los hombres no solo las usan más, sino que también lo hacen con mayor frecuencia. Incluso entre quienes emplean la IA todas las semanas, la brecha sigue ahí, firme.

Lo llamativo es que no hay grandes diferencias técnicas ni educativas.

Cerca del 75% de la brecha se explica por la autopercepción, ellos creen saber más sobre inteligencia artificial y, por eso, se animan a usarla.

En otras palabras, el problema no es la capacidad real, sino la Confianza!.

El resto tiene que ver con la preocupación por la privacidad y la desconfianza hacia quienes gestionan los datos.

Algo que, según estudios previos, es más común entre mujeres. No por paranoia, sino porque históricamente han estado más expuestas a abusos, vigilancia digital o acoso en línea.

¿Entonces la pregunta es inevitable, por qué deberían confiar?

Quedarse Afuera también tiene un Costo

Si la IA se consolida como la gran herramienta de productividad del futuro, no usarla deja de ser una simple elección personal.

Se convierte en una Desventaja Concreta, en salarios, en oportunidades laborales, en posibilidades de ascenso.

Si las empresas empiezan a exigir habilidades en IA, quienes no se sientan preparados quedarán atrás, sin mucha vuelta.

Y si ese grupo está compuesto mayoritariamente por mujeres, la brecha salarial no se va a cerrar.

Al contrario, podría crecer. Distintos estudios muestran que el uso de IA generativa puede aumentar la productividad alrededor de un 14% en tareas administrativas y está asociado a mayor crecimiento empresarial.

No es un dato menor, para nada. El riesgo es que las mujeres queden fuera no solo de la adopción tecnológica, sino también de los beneficios económicos que esta trae. Esto ya está pasando, y pasó muchas veces tb.

Lo ven en el trabajo, aunque cueste decirlo

Las experiencias personales lo reflejan con claridad.

Ana, diseñadora gráfica en una agencia mediana de Miami, cuenta que desde que empezaron a usar Midjourney y herramientas similares, varios compañeros entregan propuestas en la mitad del tiempo.

Ella, en cambio, siente que la IA le suma más estrés que ayuda.

Le preocupa equivocarse, no saber qué datos cede, y no encontrar el momento para aprender bien. “Me agota”, resume, así nomás.

Algo parecido le ocurre a Luisa, profesora de secundaria en Bogotá.

Sabe que existen herramientas para resumir textos, planear clases o generar materiales, pero no sabe por dónde empezar. Además, le inquieta la idea de que algún día le digan que su trabajo puede hacerlo una máquina. Esa idea, molesta.

Mientras tanto, Martín, su colega de matemáticas, ya usa ChatGPT para corregir ejercicios y crear contenidos personalizados. Y eso, claramente, le da Ventaja.

Estas situaciones se repiten en oficinas, bancos, medios de Comunicación y escuelas.

Muchas mujeres sienten que deben dominar completamente una herramienta antes de usarla.

Muchos hombres, en cambio, prueban, fallan, y vuelven a intentar.

Lo más paradójico de todo, es que lo mismo ocurrió con la programación o con las inversiones en Criptomonedas.

La diferencia es que ahora el costo de no animarse puede ser el Empleo mismo.

O aprenden todos, o ganan los mismos

Quienes analizan estas dinámicas empiezan a advertir un riesgo claro.

Si el acceso a la inteligencia artificial queda en manos de quienes ya tienen más confianza, más recursos o más tiempo para explorar, el círculo se cierra. Y la tecnología, en lugar de democratizar oportunidades, termina reforzando desigualdades. Así, sin rodeos.

Entre las soluciones que proponen los autores del estudio están mejorar la regulación sobre privacidad, ofrecer formación accesible en IA y crear espacios seguros de experimentación para mujeres en entornos digitales.

Pero también hay un desafío más profundo. Romper con la idea de que hay que saberlo todo para empezar.

Aceptar que equivocarse es parte del proceso. Y entender, de una vez, que la tecnología no es neutral, neutral. Porque no lo es.

En conclusión,, La inteligencia artificial ya forma parte del presente, pero no todos avanzan al mismo ritmo. Mientras muchos hombres adoptan estas herramientas con rapidez, muchas mujeres siguen dudando, desconfiando o quedando al margen. Si no se Actúa a Tiempo, la Brecha no será solo tecnológica, sino también económica y social. Y, una vez más, la innovación terminará beneficiando a los de siempre.

Referencias:
1. Artículo web de The Atlantic:

Shellenberger, S. (2026, enero). The AI Boyfriend: What women really want from artificial intimacy. The Atlantic. https://www.theatlantic.com/family/2026/01/ai-boyfriend-women-gender/685315/

  1. Libro de Benjamin M. Compaine:

Compaine, B. M. (2001). The digital divide: Facing a crisis or creating a myth? MIT Press.

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