Inteligencia Artificial, humanismo y oscurantismo

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Mientras los científicos están produciendo vacunas y medicamentos con IA, los ingenieros desarrollando software y los genetistas descifrando nuevos genes, algunos profesionales del área de las humanidades se han obsesionado en emprender una cacería de brujas para cazar a quienes usan la Inteligencia Artificial.

Desde discursos apocalípticos alrededor de los algoritmos hasta la prohibición expresa del uso de herramientas de IA en ciertos entornos, es muy probable que los académicos sociales estén desperdiciando una gran oportunidad histórica para transformar exponencialmente el conocimiento en el campo humanista.

 Académicos eruditos e inquisidores
Por: Gabriel E. Levy B.

En días recientes me encontré con un colega docente, quien muy emocionado me contó que descubrió una aplicación de IA que usa para identificar los textos que le entregan sus estudiantes escritos con IA.

Según su apasionado relato, esta aplicación es cien por ciento confiable y ha “rajado” a prácticamente todo el curso por usar la IA.

Me fue inevitable quedarme callado:

“Si lo que pretendes es cazar el uso de herramientas de IA porque evitan que los estudiantes usen sus propias competencias, ¿no es un poco contradictorio que tú mismo uses la IA para este propósito?
Dando ejemplo, deberían ser tus propias habilidades lingüísticas las que descubrieran que tus estudiantes están usando la IA, pues en caso contrario estás enviando un mensaje bastante confuso”.

La cara de mi amigo no fue la más complaciente y desde ese día no volvió a contestar mis mensajes y es la razón por la que decidí escribir este artículo, que es totalmente diferente a lo que están acostumbrados a leer en este espacio, razón por la cual expreso de antemano mis más sinceras disculpas.

Quiero aclarar que, para mí, es indiscutible que en entornos académicos es necesario propiciar el pensamiento crítico, la creación de ideas propias y la producción académica de los estudiantes. Por consiguiente, no es de forma alguna pedagógico dejar que un estudiante entregue un trabajo escrito por la IA como mecanismo sustituto de su propia producción intelectual.

No obstante, tampoco es lógico que se persigan las herramientas de Inteligencia Artificial como si fueran el enemigo. Creo que el reto del docente contemporáneo es incorporarlas en el aula, garantizando que potencien el raciocinio del estudiante, no que lo reemplacen.

Pero la academia no es el único campo de las humanidades donde el ejercicio oscurantista de cacería de brujas está ocurriendo.

Prácticamente todas las redacciones de grandes medios de comunicación en el mundo han impuesto herramientas de verificación para los editores, cazando a cualquier periodista que use la IA. Y no se trata de perseguir solamente al que escribió en un 100%, sino cualquier uso de la IA: un simple 10% puede causar el despido de un periodista en una redacción.

No discuto que permitir que la IA escriba completa una nota periodística no solo es inadecuada, es peligroso.

La incapacidad de modelos como ChatGPT, Gemini o Grok para diferenciar ficción de realidad es una amenaza latente para el periodismo. Por supuesto, la pluma y el olfato del periodista, el contraste de fuentes y su ética siguen siendo la mejor estrategia para acercarse a la verdad.

Pero otra cosa muy distinta es prohibir totalmente su uso cuando puede ayudar a desarrollar mejor una idea, ampliar un concepto, corregir estilo, mejorar gramática, evitar palabras repetidas, obviar aspectos claves de la noticia por las carreras, entre miles de otros usos posibles.

Mi experiencia personal

Entre el año 2017 y el 2023 produje 735 artículos escritos para este espacio, sin la ayuda de ninguna herramienta de IA generativa, básicamente por que no existían, exceptuando el corrector de ortografía de Word, que siempre será útil.

Si me hubieran propuesto en esos años el uso de una herramienta que me ayudara a redactar, hubiera respondido que jamás la aceptaría pues los artículos perderían mi estilo, no obstante, la llegada de Chat GPT en 2023 simplificó de forma inesperada mi trabajo.

 Sin comprometer el contenido, el desarrollo de las ideas, ni mucho menos las fuentes o la información, me apalanco en la IA Generativa para mejorar mis textos, ampliar conceptos, desarrollar ideas, sin permitir que sea la IA la que defina o plasme el contenido, solamente lo que mi profesor del colegio llamaba “La Carpintería”, no solo disminuye el tiempo de construcción del texto, sino que reduce la carga cognitiva innecesaria en mi cerebro.

Al correr mis artículos por la herramienta que mencionó mi colega, en promedio el “65% de mis textos son escritos por humanos y el 35% por la IA”. (suficiente para que me despidieran de la redacción de cualquier medio de comunicación).

Estas cifras me confirmaron que jamás usaría con mis estudiantes esta herramienta en particular, pues no es tan precisa como mi colega sugirió, ya que lejos está de evaluar lo realmente importante: La originalidad de las ideas, y en cambio evalúa es la forma en que fueron expresada, una variable que en mi opinión solo debería ser de alta relevancia en un curso de “Redacción Periodística” u afines, como por ejemplo en derecho si lo que busca es evaluarse la calidad de la redacción de una demanda, no cabe duda que es muy valiosa la herramienta.

La clave está en la ÉTICA

El problema real de fondo que quiero poner en evidencia es que mientras los epidemiólogos han acelerado en décadas la investigación científica sin comprometer la calidad de sus trabajos, logrando medicamentos y vacunas que hubieran demorado medio siglo en ser desarrollados, los humanistas están más preocupados por perseguir las herramientas de IA que por implementarlas adecuadamente para potenciar su trabajo.

Tanto los epidemiólogos como los humanistas tenemos una gran responsabilidad ética, ellos podrían usar la IA para crear enfermedades o hacer mas contagioso un virus, sin embargo, no están dejando de usar la IA en nombre de los riesgos éticos, a diferencia de las áreas humanas, en donde se persigue el uso de la Inteligencia Artificial para evitar que se haga un mal uso de esta.

Honestamente no me imagino a un epidemiólogo criticando a un colega porque uso la IA para identificar el ARL de virus, en vez de usar su cerebro para descifrarlo, menos imagino al comité del Nobel retirándole el premio a David Baker por predecir la estructura tridimensional de las proteínas usando la IA, de hecho, le entregaron el premio nobel de Química: “por usar la IA de forma innovadora”.

Tampoco creo que ChatGPT o Perplexity deban resolver un caso judicial, pero si estoy convencido que pueden simplificarle mucho el trabajo a un Juzgado en la sistematización de la información y así evitar muchos errores humanos propios de la sobre carga de trabajo y el mismo sesgo de la subjetividad humana, el sentido de la sentencia la debe determinar el juez, pero gran parte del proceso puede agilizarla una IA.

Tampoco creo que la IA deba remplazar a un psicólogo, pero si puede ayudar a muchas personas para sus tratamientos y terapias.

Las personas están aprendiendo idiomas con la IA, los desarrolladores de software simplificando códigos de algoritmos, los ingenieros mejorando sus cálculos estructurales y en general las aplicaciones de Inteligencia Artificial están potenciando nuestras capacidades para producir conocimiento.

La sistematización de una inmersión etnográfica podría reducir en años el trabajo de un antropólogo, predecir la próxima pandemia, combatir el cambio climático y bien empleada, evitar la siguiente guerra mundial.

Toda herramienta creada por el ser humano, desde la rueda hasta la imprenta, el celular, Internet o la IA, son poderos instrumentos que transforman nuestra sociedad y nuestro entorno, en cualquier caso, el reto es darle el mejor uso posible, evitando caer en dogmatismos.

Recordemos que por décadas se financiaron movimientos para quemar imprentas, porque amenazaban las industrias culturales medievales, por cierto, una actitud muy similar a la de mi colega.

Finalmente, de los 1.431 artículos que he escrito hasta ahora, reitero que este es el único que decidí escribir en primera persona rompiendo mi estilo neutro, por su carga editorial tan notable, que me fue inevitable plasmar en este texto, a modo de reflexión y que por supuesto solo compromete mi manera de pensar.

También aclaro que, para evitarle un conflicto de interés a la IA generativa que tanto respeto y aprecio, este artículo fue escrito cien por cien por un humano y aunque sería mucho más “puro” usar una máquina de escribir, debo confesar que me fue inevitable escribirlo en el programa de Microsoft Word, que finalmente es también un algoritmo. Un motivo más para que mi colega deje de responder a mis mensajes.

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