Los chips japoneses que cambiarán el rumbo de las telecomunicaciones

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En 2024, el primer ministro de Japón causó polémica al afirmar que su país dependía demasiado de Estados Unidos en tecnología, sobre todo en materia de inteligencia artificial.

Era una confesión muy incómoda para una nación que alguna vez dominó la industria electrónica mundial.

Pero eso, como dicen los japoneses, ya es agua pasada. Hoy Japón está de vuelta y volvió con todo.

Planea fabricar microcircuitos tan pequeños y potentes que podrían cambiar el paisaje tecnológico global, especialmente en el sector TELCO, y lo está haciendo con una velocidad y una contundencia que tiene en alerta a gigantes como Taiwán, Corea del Sur y Estados Unidos.

Un plan que no tiene precedente en materia de telecomunicaciones

Por: Gabriel E. Levy B.

La cifra que está circulando en los círculos tecnológicos y financieros es difícil de procesar: 325.000 millones de dólares.

Eso es lo que Japón planea invertir en su industria de semiconductores durante la próxima década, combinando fondos públicos y privados. Para darle contexto: es más que el PIB anual de países como Chile o Portugal. El retorno esperado supera el billón de dólares.

Y el esfuerzo relativo es aún más revelador. Japón ya destina el 0,71% de su PIB a subsidios para chips, la proporción más alta del mundo. Estados Unidos, con toda su musculatura industrial, invierte apenas el 0,21%. Alemania, el 0,41%. El compromiso japonés no es solo de dinero, es de convicción.

La estrategia tiene dos carriles. El primero: atraer a la taiwanesa TSMC, la empresa que hoy fabrica prácticamente todos los chips de alta gama del planeta.

TSMC ya tiene una fábrica operando en Japón y anunció en 2026 una segunda planta que usará tecnología de 3 nanómetros, la primera fábrica con esa capacidad fuera de Taiwán que opera bajo el sello TSMC.

El segundo carril es más ambicioso y arriesgado: construir desde cero una fundición japonesa capaz de competir con los mejores del mundo. Esa empresa se llama Rapidus, y pretenden cambiar la ecuación global.

La empresa creada para ganar una guerra

Rapidus nació en agosto de 2022. No surgió de un garaje ni de la visión de un emprendedor solitario. La crearon el gobierno japonés y un grupo de ocho empresas del país que leyeron el futuro y decidieron apostar fuerte: Toyota, Sony, NTT, NEC, Kioxia, SoftBank, Denso y MUFG Bank.

Nombres que abarcan desde la industria automotriz hasta las telecomunicaciones y la banca. La misión era sencilla de enunciar y casi imposible de ejecutar: fabricar en Japón los chips más avanzados del mundo.

Lo que vino después sorprendió hasta a los escépticos.

En diciembre de 2024, Rapidus instaló en su planta de Chitose, una ciudad al norte de Japón, en la isla de Hokkaido, una de las máquinas de litografía ultravioleta extrema más sofisticadas del planeta, fabricada por la empresa holandesa ASML.

Solo tres meses después, ya estaban haciendo las primeras exposiciones sobre obleas de silicio. Y en julio de 2025, doce días después de procesar su primer lote completo, lograron algo que pocos esperaban tan pronto: el primer transistor funcional de 2 nanómetros fabricado en suelo japonés.

Para entender la magnitud de ese logro hay que saber qué significa un nanómetro en este contexto.

Un nanómetro es la millonésima parte de un milímetro. Los chips de 2 nanómetros concentran más de 230 millones de transistores en un solo milímetro cuadrado. Cuanto más pequeño el transistor, más potente y eficiente el chip.

Con esa tecnología, un procesador puede ser hasta un 45% más rápido o consumir un 75% menos de energía que con la tecnología de hace apenas cuatro años.

El plan de Rapidus es comenzar la producción en escala en el segundo semestre de 2027, con el chip del que habla toda la industria: 2 nanómetros.

Y ya están diseñando la próxima fábrica para dar el salto a 1,4 nanómetros, que es donde apunta también Fujitsu, otra empresa japonesa histórica que anunció que fabricará allí sus chips de inteligencia artificial de nueva generación.

Lo que distingue a Rapidus del resto

Rapidus no pretende competir con TSMC en volumen. Sería una batalla perdida de antemano. Su apuesta es diferente: velocidad y flexibilidad.

Mientras TSMC tarda entre 90 y 120 días en producir un lote de chips, Rapidus lo hace en 50 días, y para pedidos urgentes, en apenas 15.

Eso puede sonar a detalle técnico, pero en la industria tecnológica, donde las empresas compiten por lanzar nuevos productos antes que sus rivales, reducir a la mitad el tiempo de fabricación puede valer miles de millones.

La clave está en la automatización total.

Robots e inteligencia artificial gestionan la línea de producción con una precisión que elimina muchos de los cuellos de botella humanos. No es solo eficiencia: es una filosofía industrial distinta que puede cambiar las reglas del juego.

Además, el dinero sigue llegando. En febrero de 2026, 32 empresas privadas, entre ellas Canon, Honda y el propio IBM, invirtieron 1.700 millones de dólares en Rapidus.

El apoyo gubernamental acumulado ya supera los 11.000 millones de dólares. Y Broadcom, uno de los fabricantes de chips más importantes del mundo y proveedor clave de la industria de telecomunicaciones, ya está probando muestras de sus prototipos.

El impacto sobre routers, fibra óptica y WiFi: una revolución silenciosa

Aquí está la parte que pocos periodistas han contado bien y que afecta directamente a la industria de las telecomunicaciones, a los operadores de red y, en última instancia, a la velocidad y calidad de las conexiones que usan millones de personas cada día.

Los equipos de telecomunicaciones modernos, routers de operador, equipos de fibra óptica, puntos de acceso WiFi, funcionan gracias a chips muy específicos. Y esos chips, hoy por hoy, los fabrican un puñado de empresas que dependen casi exclusivamente de TSMC en Taiwán.

Tomemos los routers de alta gama, los que mueven el tráfico de internet en los grandes centros de datos y las redes de los operadores.

Sus cerebros son procesadores diseñados por Broadcom, Nokia, Cisco o Marvell, todos fabricados en nodos de entre 7 y 3 nanómetros.

Nokia usa su procesador FP5, que ya está en 7nm y redujo el consumo energético un 75% respecto a su generación anterior.

Broadcom tiene su familia Tomahawk, cuya versión más reciente usa el nodo de 3nm.

La siguiente generación de estos chips apuntará a 2nm. Ahí es donde Rapidus puede entrar a competir, y ya lo está tanteando con Broadcom.

En el mundo de la fibra óptica GPON, la tecnología que lleva internet de alta velocidad a hogares y empresas a través de cables de vidrio más finos que un cabello, la historia es similar, pero con más matices.

Los equipos más básicos usan chips de generaciones anteriores y son muy sensibles al precio, así que el impacto japonés tardará más en llegar ahí. Pero en las redes de última generación, el estándar 50G-PON, que multiplica por diez la capacidad del GPON tradicional, Broadcom ya fabrica sus chips en 7nm con procesadores de inteligencia artificial integrados.

La próxima generación, el 100G-PON, necesitará chips aún más avanzados. Y ahí Japón ya está en la conversación.

Donde el impacto se siente antes es en el WiFi. El WiFi 7, cuyo estándar se publicó oficialmente en julio de 2025, ya está en los routers de última generación. Los chips que lo hacen posible los fabrican principalmente MediaTek, con su familia Filogic 880, producida en 6nm de TSMC y Qualcomm con sus plataformas Networking Pro. Broadcom, curiosamente, sigue usando nodos más maduros, pero mantiene el 44% del mercado en teléfonos de gama alta como los iPhone de Apple.

Y luego está el WiFi 8, que ya tiene chips en fase de muestras. No busca ser más rápido en velocidad máxima, el WiFi 7 ya supera los 20 Gbps teóricos sino más fiable e inteligente.

Usa inteligencia artificial para gestionar múltiples puntos de acceso de forma coordinada, elimina interferencias y hace que la señal no se corte ni cuando hay muchos dispositivos conectados.

Broadcom, MediaTek y Qualcomm ya lo tienen en fabricación avanzada, todos en 6nm. El estándar se cerrará entre 2027 y 2028.

Para entonces, los chips de 2nm de Rapidus ya deberían estar disponibles para quien quiera dar el salto.

Lo que cambia con los chips de 2nm no es solo velocidad, es eficiencia energética.

Un punto de acceso WiFi de empresa que hoy necesita 25 vatios para funcionar podría bajar a 17 o 18 con la próxima generación de chips.

En una red corporativa con cientos de puntos de acceso, eso se traduce en miles de dólares de ahorro al año y en equipos que no necesitan ventiladores, lo que significa menos ruido, menos mantenimiento y más fiabilidad.

Lo que está en juego más allá de la tecnología

Existe una razón política y estratégica detrás de todo esto que va más allá de cuotas de mercado y márgenes de ganancia.

Hoy, el 90% de los chips lógicos más avanzados del planeta se fabrican en Taiwán y Corea del Sur. TSMC controla aproximadamente el 70% del mercado global de fundición avanzada.

Eso significa que si algo interrumpiera la producción en Taiwán. un desastre natural, una crisis geopolítica, cualquier evento de los que llenan las páginas de los periódicos desde hace tres años, la industria tecnológica mundial sufriría un colapso en cuestión de meses.

No es una hipótesis académica. En 2021 y 2022, una escasez de chips menos grave que ese escenario le costó a Toyota la producción de 500.000 automóviles.

Los fabricantes de equipos de telecomunicaciones esperaron semanas para recibir componentes básicos. El mundo entendió de golpe que dependía demasiado de un lugar demasiado pequeño.

Japón ya es irremplazable en partes de esa cadena: fabrica el 53% de las obleas de silicio del mundo, el 88% de los equipos de recubrimiento de chips y tiene posición dominante en materiales fotorresistentes sin los que ningún chip moderno puede fabricarse.

Pero carecer de capacidad de fabricación propia en nodos avanzados era una contradicción estratégica. Rapidus cierra esa brecha.

Para la industria de telecomunicaciones, tener una fundición avanzada en Japón, un país del G7, con estabilidad política, aliado de Estados Unidos y Europa, físicamente alejado del Estrecho de Taiwán, es una noticia extraordinaria.

Empresas como Cisco, Nokia, Ericsson o el propio Broadcom tendrían una alternativa real de fabricación que no depende de una única región geográfica.

Y la brecha tecnológica con los proveedores chinos como Huawei, bloqueados en nodos de 7nm por las sanciones occidentales, se ampliaría todavía más.

El desafío de la dificultad

Nada de esto está garantizado. Rapidus está intentando algo que nadie ha hecho antes: saltar de una capacidad de fabricación de 40 nanómetros directamente a 2nm, sin etapas intermedias. Es como pedirle a alguien que jamás ha corrido una maratón que compita en los Juegos Olímpicos.

Los costos son enormes y la financiación privada todavía está por detrás de lo que se necesita.

La electricidad en Japón cuesta el doble que, en Corea del Sur o Estados Unidos, lo que encarece cada chip producido. Y TSMC lleva casi dos años de ventaja en producción masiva de 2nm.

Pero hay señales que los analistas del sector están mirando con atención.

Que Broadcom este probando muestras. Que Fujitsu haya firmado para fabricar sus chips de IA en Rapidus. Que 32 empresas privadas de peso hayan invertido 1.700 millones de dólares en la última ronda. Que el gobierno siga poniendo dinero con cada presupuesto anual.

Lo que Japón está construyendo no es solo una fábrica.

Es una declaración de soberanía tecnológica en un mundo donde quien controla los chips controla, en buena medida, el futuro.

En resumen, Japón perdió su liderazgo en semiconductores hace décadas y lo reconoció tarde. Pero la respuesta que está dando es de proporciones históricas: la mayor inversión pública y privada en chips de su historia, una empresa nueva capaz de fabricar transistores de 2nm, y una estrategia que apunta directamente a reducir la dependencia global del estrecho de Taiwán. Para la industria de las telecomunicaciones, el impacto será progresivo pero real: los routers del futuro, los equipos de fibra óptica de nueva generación y los chips que harán posible el WiFi 8 podrían fabricarse, en parte, en Hokkaido. No es una promesa, es una hoja de ruta con plazos, prototipos y dinero real detrás. Si Japón cumple, el mapa mundial de los semiconductores cambiará para siempre.

Fuentes

  1. Rapidus Corporation. (2025, julio). Rapidus achieves significant milestone at its state-of-the-art foundry with prototyping of leading-edge 2nm GAA transistors. https://www.rapidus.inc/en/news_topics/information/rapidus-achieves-significant-milestone-at-its-state-of-the-art-foundry-with-prototyping-of-leading-edge-2nm-gaa-transistors/
  2. Ministerio de Economía, Comercio e Industria de Japón. (2024). Summary of the semiconductor strategy for Japan’s revitalization. METI. https://www.meti.go.jp/english/policy/0704_001.pdf
  3. Nikkei Asia. (2026). Japan’s Fujitsu to develop cutting-edge 1.4nm chips for AI processing. https://asia.nikkei.com/business/tech/semiconductors/japan-s-fujitsu-to-develop-cutting-edge-1.4-nm-chips-for-ai-processing
  4. Center for Strategic and International Studies. (2024). Japan seeks to revitalize its semiconductor industry. https://www.csis.org/analysis/japan-seeks-revitalize-its-semiconductor-industry
  5. ASEAN+3 Macroeconomic Research Office. (2025). Japan’s strategic comeback in the global chip race. AMRO. https://amro-asia.org/wp-content/uploads/2025/03/SI5.-Japans-Strategic-Comeback-in-the-Global-Chip-Race.pdf
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