El conflicto entre economía de la abundancia y economía de la atención

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La inteligencia artificial multiplicó la creación de canciones y libros a una escala nunca vista, pero el día sigue teniendo veinticuatro horas. Deezer recibe cerca de setenta y cinco mil temas cien por ciento artificiales cada jornada. En Spotify, ochenta y ocho por ciento de las pistas suena menos de mil veces al año. Millones de obras nacen condenadas al silencio absoluto. La oferta creció sin límite. La atención humana no.

Una fábrica que nunca duerme

Por: Gabriel E. Levy B.

La producción cultural se disparó gracias a herramientas generativas como Suno y Udio, mientras el tiempo disponible de las audiencias permanece congelado. El resultado es una economía de la abundancia sobre un cuello de botella biológico.

Durante décadas, grabar y publicar música exigía estudios, sellos y presupuestos. Ese filtro desapareció. Hoy cualquier persona describe una idea en un cuadro de texto y una herramienta como Suno o Udio devuelve una canción completa en menos de un minuto. La plataforma francesa Deezer reveló en 2025 que recibe alrededor de setenta y cinco mil temas generados por completo con inteligencia artificial cada día, una cifra que representa cerca del cuarenta y cuatro por ciento de todo lo que sube a su catálogo. Un año antes, esa proporción apenas rozaba el diez por ciento.

El salto no ocurre solo en la música. Amazon tuvo que frenar la avalancha de libros artificiales en su tienda Kindle. En septiembre de 2023 la compañía limitó a tres los títulos que un autor puede publicar por día y obligó a declarar el uso de inteligencia artificial. La medida llegó después de que aparecieran guías falsas, biografías inventadas y hasta manuales de supervivencia con datos peligrosos, todos firmados por autores que nunca existieron.

El cuello de botella tiene nombre: tiempo

El economista Herbert Simon lo advirtió en 1971. Cuando la información se vuelve abundante, consume aquello que escasea, y lo que escasea es la atención de quien recibe esa información. Medio siglo después, su diagnóstico describe con precisión el problema actual. Podemos fabricar canciones sin límite, pero nadie fabricó horas adicionales en el día.

Un oyente promedio dedica unas veinte horas semanales a escuchar música, según mediciones recientes de la industria. Ese número apenas se mueve año tras año. La capacidad de consumo de la humanidad es un recipiente de tamaño fijo. La producción, en cambio, se comporta como un grifo abierto sin tope. La aritmética resulta cruel: cuando la oferta se multiplica por diez y la demanda permanece plana, la mayoría de las obras se reparte una porción cada vez más delgada de escuchas.

El desierto de las cero reproducciones

Los datos confirman la magnitud del desierto. El informe anual de Luminate correspondiente a 2024 encontró que de los más de doscientos millones de pistas disponibles en los servicios de streaming, una fracción abrumadora recibe muy pocas escuchas o ninguna. Para 2025, distintos análisis calcularon que cerca del ochenta y ocho por ciento de las pistas registró menos de mil reproducciones en todo el año. Millones de canciones jamás sonaron ni una sola vez.

El caso de The Velvet Sundown ilustró el fenómeno en 2025. Esta banda acumuló más de un millón de oyentes mensuales en Spotify antes de que se revelara que tanto su música como sus integrantes eran creaciones artificiales. Otros proyectos escalaron listas antes de que las plataformas reconocieran el engaño. Estos episodios muestran que el problema no es solo el volumen, sino la dificultad creciente para distinguir lo humano de lo sintético.

Quién pierde cuando todos publican

La saturación golpea con más fuerza a los artistas emergentes de carne y hueso. Compiten por el mismo oído escaso contra un caudal infinito de contenido que se produce sin costo ni cansancio. Los algoritmos de recomendación, diseñados para concentrar la atención en pocos ganadores, agravan la brecha. Quien ya tiene visibilidad la multiplica. Quien empieza desaparece en la cola infinita del catálogo.

El dinero también se diluye. En el modelo de reparto por participación que usan la mayoría de plataformas, el fondo de regalías se divide entre un número creciente de obras. Cada tema nuevo, humano o artificial, reduce la tajada de los demás. La Confederación Internacional de Sociedades de Autores y Compositores, CISAC, proyectó que hacia 2028 cerca del veinticuatro por ciento de los ingresos de los creadores musicales estaría en riesgo por el avance de la inteligencia artificial generativa.

La respuesta apenas comienza

Las plataformas empezaron a reaccionar. Spotify anunció en 2025 nuevas reglas contra la suplantación, filtros para detectar cargas masivas de spam y un sistema de declaración del contenido generado por inteligencia artificial. Deezer implementó etiquetas que marcan los álbumes totalmente sintéticos y decidió excluirlos de sus recomendaciones editoriales. Estas medidas atacan los síntomas, pero no resuelven la ecuación de fondo.

Para América Latina el desafío tiene un matiz propio. La región produce una riqueza cultural enorme con recursos limitados, y sus creadores dependen del descubrimiento digital para existir. En un catálogo global inundado de contenido artificial, la voz de un músico de Barranquilla o de un escritor de Medellín corre el riesgo de quedar sepultada bajo toneladas de material fabricado en serie. La curaduría humana, las plataformas locales y las políticas públicas de fomento cobran un valor que antes parecía secundario.

El día seguirá teniendo veinticuatro horas. La pregunta ya no es cuánto podemos crear, sino qué merece nuestro tiempo escaso.

En resumen

La inteligencia artificial disparó la creación de música y libros hasta niveles inéditos, mientras la atención humana permanece limitada por las veinticuatro horas del día. Deezer recibe setenta y cinco mil temas artificiales diarios y la mayoría de las pistas de streaming casi no suena. La abundancia diluye ingresos y sepulta a los creadores emergentes. El verdadero recurso escaso ya no es el contenido, sino el tiempo de quien lo consume.

Referencias

CISAC. (2024). Global economic study: The economic impact of generative AI in the music and audiovisual industries. Confédération Internationale des Sociétés d’Auteurs et Compositeurs.

Deezer. (2025). Deezer detects surge in AI-generated music delivered to its platform [Comunicado de prensa]. Deezer S.A.

Luminate. (2025). 2024 year-end music report. Luminate Data.

Simon, H. A. (1971). Designing organizations for an information-rich world. En M. Greenberger (Ed.), Computers, communications, and the public interest (pp. 37-72). Johns Hopkins Press.

Spotify. (2025). Strengthening our platform for artists and songwriters in the age of AI [Comunicado de prensa]. Spotify Technology S.A.

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