La nube que nos obligaron a pagar

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La industria de los móviles retiró sin consultarnos la ranura de memoria de los celulares y lo justificó con pobres argumentos de diseño, resistencia al agua y aprovechamiento del espacio interno. Curiosamente, esa misma industria desarrolló gracias a esa decisión un negocio multimillonario.

Cada mes pagamos sin protestar por alojar información que perfectamente podríamos tener en nuestro dispositivo por un costo muy inferior.

¿Por qué pagamos todos los meses por un espacio que antes comprábamos una única vez?

Por: Gabriel E. Levy B.

Seguramente para las nuevas generaciones pagar por un servicio de nube en Internet que aloje sus fotos y videos es algo normal, que hace parte del presupuesto de gastos que sus padres deben soportar. Sin embargo, no tendría por qué ser de esa forma obligatoriamente, y aunque tener la información en la nube puede resultar muy útil, esto debería ser una opción para el usuario y no una obligación derivada de una muy conveniente decisión tecnológica, tomada en su momento por los grandes fabricantes con argumentos técnicos, pero con un trasfondo comercial.

Desde sus inicios el iPhone nunca tuvo una ranura para memoria. No podemos saber a ciencia cierta si se trató de un asunto de diseño, de la gran visión comercial de Steve Jobs o de una coincidencia. Lo mismo ocurrió con los teléfonos Pixel de Google, algo que en su momento parecía una locura, pues es imposible fabricar equipos capaces de capturar un número ilimitado de fotos o videos y luego no tener dónde almacenar ese material.

Sin embargo, la misma industria nos vendió la solución a un problema que ella misma creó: pagar por alojamiento remoto en Internet para guardar lo que siempre tuvimos localmente y que jamás necesitamos que otros alojaran por nosotros. Así nació un mercado que factura cerca de 25.000 millones de dólares al año, en el que Apple se lleva el 34% y Google el 25%.

Samsung es la prueba de que se trata de un negocio

Si bien Apple y Google siempre han sostenido que no tener ranuras en los móviles es una decisión tecnológica, este no es el caso de Samsung, que probó que se trata de una decisión más comercial que técnica.

Samsung retiró la ranura en el Galaxy S6 de 2015, la devolvió con el S7 en 2016 y la eliminó de manera definitiva en la serie S21, presentada en enero de 2021.

Los tres modelos de esa generación llegaron sin expansión de memoria, con 128 GB como punto de partida, y quien agotara esa capacidad quedaba con la nube como única salida.

Los fabricantes hablaron de velocidad y de diseño. Y sin embargo el Galaxy A16, un equipo de 199 dólares conserva la ranura que los modelos más costosos de la misma marca perdieron.

La función sobrevive en la gama económica y desaparece en la premium. Esa asimetría dice bastante sobre el negocio y poco sobre la ingeniería.

¿Si es una decisión técnica, por qué justamente los modelos más sencillos sí pueden tenerla y los más sofisticados no?

El vacío tenía dueño

Quien fija la capacidad de fábrica gana dos veces. Primero vende el modelo de mayor almacenamiento, porque sin expansión posible conviene pagar por la versión grande desde el principio. Después cobra la suscripción cuando ese almacenamiento se llena.

Las capas gratuitas llevan más de una década congeladas.

Apple mantiene 5 GB sin costo desde 2011. Google conserva 15 GB compartidos entre Drive, Gmail y Fotos desde 2013. Las cámaras de los celulares, mientras tanto, pasaron de 8 megapíxeles a video en 4K y 8K.

El número de personas que usan almacenamiento personal en la nube pasó de 1.100 millones en 2014 a cerca de 2.300 millones hoy. Apple lidera ese mercado con 34% de participación, seguida por Google Drive con 25% y Dropbox con 15%.

La cuenta que pagamos todos

La tabla oficial de Apple para Colombia fija 3.900 pesos mensuales por 50 GB, 12.900 por 200 GB y 44.900 por 2 TB. El plan intermedio suma 154.800 pesos al año y 774.000 en un lustro. El de 2 TB llega a 538.800 pesos anuales.

Google One arranca en 1,99 dólares mensuales por 100 GB y 2,99 por 200 GB. La propia compañía informó que subió sus tarifas en Colombia, Chile, Perú, México y Brasil desde febrero de 2025.

La comparación tiene un matiz incómodo que conviene reconocer.

No podemos negar que las tarjetas dejaron de abaratarse bajo los esquemas de economía de escala, tal y como debería haber ocurrido en la última década. Por el contrario, los valores tienden a crecer: los costos de fabricación de chips subieron más de 100% desde 2025 y los aranceles de Estados Unidos añadieron entre 4% y 6% al precio final.

SanDisk, por ejemplo, lanzó en agosto de 2026 una microSD Express de 1 TB con precio de lista de 429 dólares. No obstante, una Lexar Play Pro de 512 GB se consigue por 99,99 dólares, y ese desembolso ocurre una vez en la vida.

Es decir, que si bien cada vez resulta más costoso adquirir memorias para los dispositivos, y es una realidad que no podemos discutir, lo cierto es que estos pagos ocurren una sola vez, mientras la suscripción nunca termina.

La nube resuelve problemas reales

Si bien es casi imposible negar que estamos ante un negocio que se estructuró sobre la base de la mentira, también es justo reconocer sin rodeos que el servicio de la nube funciona muy bien y es de gran ayuda.

Un celular robado en Quito o perdido en un bus de Buenos Aires no se lleva las fotos de la familia si estaban respaldadas en la nube de Apple, Google o Dropbox. Por el contrario, si el dispositivo se moja, se pierde, se lo roban o se incendia, el recuerdo permanece en servidores alojados en California, China o Dublín, que conservan copias de seguridad y respaldos, y garantizan que la información siempre esté disponible, sin importar la geografía desde donde sea consultada.

La sincronización entre teléfono, computador y tableta ahorra tiempo real de trabajo. Compartir un álbum con los abuelos toma segundos, y elaborar documentos compartidos en diferentes lugares del mundo hoy es posible.

Tampoco podemos negar que las tarjetas de memoria también fallan, y lo hacen con mucha más frecuencia de lo que imaginamos: se corrompen, se extravían y estamos llenos de falsificaciones que anuncian capacidades inexistentes o que funcionan por una semana y luego se estropean.

Una tarjeta de 1 TB por menos de 40 dólares tiene altas probabilidades de ser un fraude.

Todo lo anterior merece que de forma justa podamos asegurar que la nube es una opción mucho mejor que el alojamiento local. Eso no está en discusión, pero el problema aparece cuando la utilidad se vuelve obligación.

Una cosa es elegir la nube y otra distinta es quedarse sin alternativa dentro del propio aparato. Y cuando hablamos de Latinoamérica, África o Asia Central, regiones con tantas limitaciones de recursos económicos, este no es un tema menor. Obligar a una familia pobre a pagar por un servicio prescindible es algo injusto.

La dependencia tiene consecuencias

Quien deja de pagar no pierde el servicio con elegancia. Las copias de seguridad se detienen, las fotos dejan de subir y los archivos quedan en un limbo que la empresa administra según sus plazos.

Ese encierro ya llegó a los tribunales.

El Tribunal de Apelación de Competencia del Reino Unido autorizó en junio de 2026 una demanda colectiva contra Apple por su servicio iCloud, impulsada desde noviembre de 2024 por la organización de consumidores Which?, en representación de casi 40 millones de usuarios británicos. La reclamación asciende a 3.000 millones de libras y el juicio se prevé para 2028.

La acusación sostiene que la compañía impuso restricciones técnicas al almacenamiento de archivos e integró iCloud con sus dispositivos de forma que mudarse a otro proveedor resulta cuesta arriba.

El tribunal rechazó, además, por dos votos contra uno, el intento de la empresa de limitar el caso solo a quienes pagaron suscripción.

En América Latina nadie ha planteado un litigio equivalente. Las autoridades de competencia de la región observan estos mercados con lupa prestada, y el debate sobre portabilidad de datos personales sigue pendiente en la agenda regulatoria latinoamericana.

Mientras tanto quedan salidas prácticas. Motorola, Xiaomi y la gama media de Samsung todavía ofrecen ranura.

Un disco externo o un disco en red resuelven el respaldo doméstico sin cuota mensual.

En resumen, la desaparición de la ranura no fue una casualidad del diseño industrial. Fue una decisión comercial que trasladó un gasto único de veinte o cien dólares a una cuota perpetua que se cobra mientras vivamos. La nube presta un servicio valioso y merece pagarse cuando la elegimos. Lo que resulta difícil de defender es que nos hayan quitado la posibilidad de decidir, y que hoy millones de personas en la región paguen cada mes por algo que cabía en una lámina del tamaño de una uña.

Referencias

  1. Apple. (2026). Planes y precios de iCloud+. Soporte técnico de Apple. https://support.apple.com/es-lamr/108047
  2. Google. (2026). Comprar más espacio de almacenamiento de Google. Ayuda de Google One. https://support.google.com/googleone/answer/2375123
  3. Schoon, B. (2021). Samsung ditches microSD card support on Galaxy S21. 9to5Google. https://9to5google.com/2021/01/14/samsung-microsd-card-support-galaxy-s21/
  4. BGR. (2026). When did smartphone brands stop using SD cards. https://www.bgr.com/2126300/when-did-smartphone-brands-stop-using-sd-cards/
  5. Yahoo Finance. (2026). UK tribunal greenlights $4bn class action over Apple iCloud. https://finance.yahoo.com/technology/articles/uk-tribunal-greenlights-4bn-class-110029100.html
  6. Tech Insider. (2026). SanDisk 1TB microSD Express card price analysis. https://tech-insider.org/sandisk-1tb-microsd-express-switch-2-price-2026/
  7. Softjourn. (2026). Cloud computing statistics report. https://softjourn.com/insights/cloud-computing-stats
  8. Persistence Market Research. (2026). Consumer Cloud Storage Services Market. https://www.persistencemarketresearch.com/market-research/consumer-cloud-storage-services-market.asp
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