Los Doctorados pierden sus empleos por culpa de la IA

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El dueño de uno de los fondos de inversión más importantes del mundo, el multimillonario Ken Griffin, confesó durante una entrevista en Stanford, que recientemente regresó un viernes a su casa muy “deprimido”, pues los nuevos agentes de inteligencia artificial que implementó a modo de prueba lograron en un par de horas completar trabajos que normalmente les toman semanas a los mejores expertos en la materia, personas que generalmente están formados con estudios de posgrado de maestría y doctorado.

Todo parece indicar que la élite intelectual de las finanzas, esa que parecía intocable, tiene amenazado su futuro laboral

La automatización no viene solo por los empleos básicos

Por: Gabriel E. Levy B.

Durante décadas creímos que las máquinas se quedarían con los cargos rutinarios, los más mecánicos, los cajeros, los administrativos, los operadores de centralita. Los trabajos llamados “de cuello azul” o las tareas repetitivas de oficina, básicamente es una narrativa cómoda y casi tranquilizadora para quienes han invertido años de su vida en un posgrado: estudiar duro fue siempre la mejor póliza o seguro contra el desempleo tecnológico, sin embargo, esa idea se está cayendo a pedazos. Y quien acaba de empujarla al vacío no es un activista anti-tecnología ni un académico apocalíptico.

Es Ken Griffin, el hombre que dirige Citadel, uno de los “hedge funds”, o fondos de inversión, más rentables y agresivos del mundo, con unos 67.000 millones de dólares bajo gestión.

El pasado 15 de abril, durante el “Stanford Leadership Forum”, Griffin se sentó a conversar con el profesor Amit Seru frente a más de quinientas personas.

Griffin contó que ha visto, dentro de Citadel, cómo agentes de IA ejecutan en horas o días tareas que normalmente ocuparían semanas o incluso meses a profesionales con máster y doctorado en finanzas. Y remató con una frase difícil de digerir viniendo de un multimillonario: dijo haber vuelto un viernes a casa “francamente bastante deprimido”, porque podía ver el impacto que esto iba a tener en la sociedad.

Lo más curioso es que Griffin nunca fue un evangelista de la IA. Más bien lo contrario. Apenas unas semanas antes, en Davos, calificaba el boom de la inteligencia artificial como una narrativa exagerada para justificar inversiones gigantescas en centros de datos.

En charlas anteriores con estudiantes de Stanford había llegado a decir que Citadel usaba IA solo “un poquito” y que no le parecía revolucionaria.

Por eso este giro es importante.

Cuando un escéptico se rinde, es necesario prestarle atención.

El coro de confesiones de Wall Street

Griffin no está solo. Jamie Dimon, consejero delegado de JPMorgan, admitió en febrero ante inversores que el banco ya “ha desplazado personas” a causa de la inteligencia artificial.

En su carta anual a accionistas comparó esta tecnología con la electricidad o internet.

En Davos llegó a decir algo todavía más fuerte y abrumador: que él mismo apoyaría una eventual prohibición gubernamental a los despidos masivos por IA, porque un desempleo súbito podría provocar “disturbios civiles”.

David Solomon, jefe de Goldman Sachs, soltó otra bomba en un evento celebrado en Palo Alto, en California.

Aseguró que la IA ya redacta el 95% de un folleto de salida a bolsa en cuestión de minutos. Antes, ese mismo documento requería dos semanas y un equipo de seis banqueros trabajando a destajo.

“El último 5% ahora importa, porque el resto se ha vuelto un commodity”

Goldman recientemente, recortó más de mil puestos de trabajo el año pasado, básicamente se trata de roles o perfiles profesionales, que simplemente la Inteligencia Artificial puede desarrollar de forma más eficiente y por supuesto a un costo mucho menor.

Larry Fink, capitán de BlackRock, también advirtió que los graduados ahora se enfrentan a la mayor tasa de desempleo del mundo, “incluso sin existir recesión”, porque la IA está alterando profundamente los empleos de cuello blanco para perfiles que podríamos denominar: junior.

Brian Moynihan, de Bank of America, informó que en 2026 los empleos totales de su banco bajarán gracias a la

“excelencia operativa y la aplicación de nuevas tecnologías emergentes, incluida por supuesto la IA”.

Pero quizá el ejemplo más contundente lo puso sobre la mesa recientemente: Mary Callahan Erdoes, responsable de gestión de patrimonios en JPMorgan.

Reveló que un proceso interno de controles que antes requería a 200 personas leyendo documentos de más de cincuenta páginas, ahora lo hace un sistema con 80 órdenes escritas. Su colega Marianne Lake remató con una frase demoledora:

“Solo los paranoicos sobreviven”.

La pirámide se está invirtiendo

Durante dos siglos, la automatización fue siempre por la base. Primero los telares, luego las cadenas de montaje, después los puestos administrativos. La IA generativa hace exactamente lo contrario. Va hacia arriba.

Un estudio firmado por OpenAI junto a la Universidad de Pensilvania afirmó en 2023: “los empleos mejor pagados son los más expuestos”.

El Fondo Monetario Internacional cuantificó que el 40% de los puestos del mundo se verán afectados por la IA, y en economías avanzadas la cifra sube al 60%.

Kristalina Georgieva, la directora gerente del FMI, habla sin temor de un “tsunami” laboral y advierte que esta vez la clase media también queda atrapada.

Citigroup ha calculado que el 54% de los empleos bancarios tiene “alto potencial de automatización”.

Es el porcentaje más alto de cualquier sector. Bloomberg Intelligence estima que la banca global podría perder unos 200.000 empleos en los próximos tres a cinco años, mientras los rendimientos antes de impuestos crecerían hasta un 17% gracias a la productividad que aporta la IA.

El año pasado, las empresas del S&P 500 redujeron su plantilla agregada en unos 400.000 puestos, la primera caída neta en casi una década.

El analista junior, especie en peligro

¿Quién está más expuesto? Justo quien parecía más blindado. El analista junior de banca de inversión, el que prepara presentaciones para clientes, valoraciones, comparativas y “due diligence inicial”, encaja como un guante con lo que mejor hace la IA actual.

No en vano, OpenAI ha reclutado a más de cien exbanqueros procedentes de JPMorgan, Goldman Sachs y Morgan Stanley para entrenar un modelo bautizado Project Mercury.

Les pagan 150 dólares la hora por construir un modelo financiero a la semana.

La intención es clara. En Deutsche Bank, su jefe de estrategia tecnológica ya lo verbalizó sin rodeos: “La idea fácil es simplemente reemplazar a los juniors con una herramienta de IA”.

Un analista anónimo confesaba en un foro especializado que su banco había recortado la promoción de verano un 30% pese a registrar niveles récord de actividad.

La paradoja es brutal. La misma tecnología que deprime al hombre que la usa para batir al mercado promete a los accionistas márgenes históricos.

Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez. La transición puede ser, en agregado, expansiva, y al mismo tiempo, en el corto plazo, devastadora para toda una generación de profesionales que cursó un MBA convencida de que su cerebro era inexpugnable.

Lo nuevo, lo que ni siquiera Griffin logra disimular, es que el primer escalón en caer no es el del cajero, sino el del analista que soñaba con llegar a socio.

Quién domina la IA está más protegido

Y en mitad de este vendaval sin precedentes de amenazas, hay una grieta que marca sustancialmente la diferencia respecto del resto, quien hoy se sienta delante de la IA, la conoce, la domina, la usa y la integra en su día a día, no está simplemente aprendiendo una herramienta más. Se está construyendo, casi sin darse cuenta, una especie de salvavidas.

Porque si mañana llega el correo del despido, esa persona no parte de cero.

Sabe pedirle a un modelo que le arme un plan de negocio en una tarde, que le redacte propuestas para clientes, que le diseñe una web sin pagar a una agencia, que le analice un mercado en minutos.

Puede montar una consultora desde el salón de casa, lanzar un producto digital con cuatro herramientas conectadas o vender su conocimiento empaquetado de mil formas distintas.

En cambio, quien lleva años mirando la IA de reojo, esperando que sea una moda pasajera o convencido de que su título lo blindaba, se va a encontrar con un mercado laboral que ya no entiende y, peor aún, sin las muletas digitales que hoy permiten que una sola persona haga el trabajo que antes requería un equipo. La brecha que viene no será solo entre los que tienen empleo y los que no.

Será entre los que saben usar la IA para reinventarse rápido y los que tendrán que aprender a hacerlo bajo presión, con el reloj corriendo y la nevera vacía.

Y esa diferencia, en los próximos años, va a pesar más que cualquier máster colgado en la pared.

En resumen: Ken Griffin reconoció en Stanford que la IA ya hace en horas trabajos de élite que ocupaban semanas a analistas con máster y doctorado. Dimon, Solomon, Fink y Moynihan confirman lo mismo desde JPMorgan, Goldman, BlackRock y Bank of America. Los estudios del FMI y del Foro Económico Mundial confirman que la pirámide se invierte. Esta vez la automatización empieza por arriba, no por abajo.

Finalmente el mejor salvavidas es dominar la IA, incluso porque permite emprender en caso de perder el empleo.

Referencias

Bloomberg Intelligence. (2026). Wall Street faces 200,000 job cuts as AI transforms the workforce. Traders Magazine.

CNBC. (2026, 24 de febrero). Jamie Dimon says AI is already reshaping JPMorgan Chase’s workforce.

Eloundou, T., Manning, S., Mishkin, P., y Rock, D. (2023). GPTs are GPTs: An early look at the labor market impact potential of large language models. OpenAI y University of Pennsylvania.

Fondo Monetario Internacional. (2024). Gen-AI: Artificial intelligence and the future of work. IMF Staff Discussion Note.

Foro Económico Mundial. (2025). Future of Jobs Report 2025. World Economic Forum.

Fortune. (2025, 17 de enero). Goldman Sachs CEO says that AI can draft 95% of an IPO prospectus in minutes.

Fortune. (2026, 18 de marzo). BlackRock CEO Larry Fink warns AI is creating a ‘crisis’ for Gen Z workers.

Stanford Graduate School of Business. (2026, 15 de abril). Stanford Leadership Forum: A conversation with Ken Griffin.

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