¿TIENEN FUTURO LAS CHATSERIES?

¿TIENEN FUTURO LAS CHATSERIES?
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Un nuevo fenómeno ha emergido en los últimos años en el alucinante ecosistema de los medios audiovisuales: se trata de las chatseries, producciones audiovisuales de diversas facturas que se distribuyen principalmente a través de plataformas de comunicación punto a punto ⎯P2P⎯ como WhatsApp, Telegram, WeChat o Viber.

Aunque por ahora no son masivas, y para muchas personas son todavía desconocidas, han venido ganando espacio en los últimos años y consolidándose como una alternativa fresca, líquida y expansiva, con una gran capacidad de viralización y un alto impacto en sus audiencias.

¿Son los Chat Series un fenómeno temporal o una apuesta de largo plazo?

Las chatseries se clasifican como un subproducto dentro del enorme ecosistema de las web series, y forma parte del nuevo y emergente medio llamado televisión web. En la mayoría de los casos son creadas por profesionales, con guiones y equipos de producción, y están estructuradas en temporadas divididas en episodios. La duración media de cada capítulo es de 7 minutos, alcanzando máximos de 15 minutos y mínimos de 3.

Por ahora, estos capítulos reciben el nombre de webisodios, de acuerdo con los análisis y la clasificación propuesta por el Festival Español de Webseries, pues corresponde a las dinámicas de los productos que circulan por otras redes sociales como Facebook o Twitter. Sin embargo, podemos imaginar que, ante la poderosa penetración de los servicios de chat virtual en todo el mundo, quizás se esté generando un género nuevo y distintivo y pronto denominemos a cada capítulo un “chatsodio”.

En la mayoría de los casos la distribución de estos episodios es gratuita, aunque en algunos pocos se liberan mediante sistemas de pago o suscripción. Sin embargo, dado que la principal fortaleza de los sistemas de chat virtual es su gratuidad para uso no empresarial, y la poca o nula publicidad en pantalla, uno de los desafíos que estos formatos enfrentan es saber cómo monetizar sin interrumpir las dinámicas ya establecidas en estos sistemas.

Tanto como en el fenómeno de las web series, en las chatseries se requiere toda una estrategia que inicia con la planeación, producción y postproducción y va a distribución primero en Internet, independientemente de la duración, la temática que desarrolle, el género o formato en el que se encuentre clasificada y la técnica audiovisual con la que haya sido producida.

En la génesis de las web series como género ⎯o como formato⎯  se pueden identificar primeras experiencias como The Spot (thespot.com), la primera historia de episodios en línea, creada por Scott Zakarin en 1995, cuando el video online era aún un sistema muy deficiente y pocos visionarios apostaban porque en 20 años sería la más poderosa industria audiovisual.  En se mismo año, Bullseye Art publicó las primeras animadas de la historia, como Porkchops, que además tenían elementos interactivos online y que fueron realizadas en programas innovadores para el momento, como Flash.

De ahí hasta la aparición de series web específicamente diseñadas para las redes sociales y para ser compartidas y difundidas por los mismos usuarios (o por sistemas de distribución pagos, pero de los que el usuario no se entera) pasaron 20 años de vertiginoso avance, que incluyó hitos como la creación de los repositorios web para video, como Metacafé, Vimeo y YouTube, hasta la emergencia de los servicios de video a la carta (VOD) como Netflix o Movistar +.

En el caso de las chatseries, que en su mayoría son distribuidas mediante WhastApp, es difícil identificar un caso particular al que se le pueda asignar el origen de este fenómeno, pues han emergido múltiples experiencias a nivel global y, como mencionábamos antes, muchos son indiferenciables de series web de distribución más convencional.

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En Sudáfrica se produjo la muy exitosa experiencia de Uk’Shona Kwelanga, serie que narra la historia de una familia que se ve obligada a organizar de forma repentina el funeral de uno de sus miembros. La historia narra las dificultades con las que se encuentran muchas personas sin recursos a la hora de preparar un funeral en los países más pobres. Las conversaciones se suceden en tiempo real, tal y como si el espectador estuviera asistiendo a una conversación de un grupo de WhatsApp.

En Estados Unidos, Canadá, Francia, Rusia y Australia también se han identificado varios proyectos audiovisuales emergentes, que han comenzado a seducir las audiencias.

En Colombia la serie Los Corredor ha logrado seducir al público amante de las carreras de autos, con la historia de una familia colombiana, cuyos protagonistas participan en carreras en el autódromo de Tocancipá. La serie incluye relatos de superación, amor y mucha adrenalina.

En Uruguay se lanzó hace poco la chatserie Cloba, un contenido de ficción educativa pensado para adolescentes, que enseña a los jóvenes a crear contenidos audiovisuales para la web. La experiencia comienza en un chat y se expande de forma transmedial a múltiples plataformas, mediante un proceso interactivo diseñado por la organización Taa.

El fenómeno de la viralización

Tal y como lo analizamos en el artículo ¿Puede combatirse las fake news con algoritmos?, WhatsApp y en general todas las plataformas de comunicación punto a punto (chats virtuales) poseen un gran potencial para masificar y distribuir en segundos mensajes y contenidos digitales, pues utilizan a los usuarios humanos como principal fuente de viralización.

Esto implica un gran riesgo similar al que enfrentan los demás contenidos web, pues si el contenido encaja en las audiencias, en cuestión de segundos podría llegar a millones de personas, pero si no alcanza a involucrarlas simplemente se quedará atrapado en los primeros usuarios que los reciben y allí morirá la difusión de la historia.

Así, claramente las chatseries tienen un gran potencial siempre y cuando el contenido logre seducir y apropiar a las audiencias iniciales, pues dependerá de ellas viralizar el contenido. Aunque es seguro que en el futuro las mismas plataformas encuentren nuevas unidades de negocios, promocionando en un entorno específico algunos contenidos, claramente seguirá dependiendo del comportamiento humano la compartición y viralización de estas.

Por todo ello, es en la monetización donde posiblemente radica el mayor desafío, pues es poco probable que el público distribuya un contenido o con publicidad o por el cual haya que pagar un canon de cualquier tipo, así sea poco dinero. Esto se suma a la posible dificultad que pueda representar para muchos usuarios la articulación con plataformas de pago, especialmente cuando, como hemos mencionado en varios artículos, el poder de este tipo de redes radica en la facilidad que para los usuarios significa su acceso y uso.

Pero también hay nuevas posibilidades, como las que algunos bancos están explorando al sumar en el teclado de chats como WhatsApp teclas especiales para hacer pagos o transferencias bancarias.

En Conclusión

Formatos de producción y distribución tan novedosos como una chatserie están solo en una etapa experimental; solo en unos años ⎯o meses, dado lo vertiginoso que es el cambio en los negocios digitales⎯ sabremos si es un nuevo formato prometedor o si correrá los mismos riesgos que hoy afrontan la mayoría de los formatos de series web, que enfrentan como principal problema las dificultades de monetización, los desafíos en la distribución y la alta concentración de los servicios de comunicación digital.

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